
por Javier Mazorra desde Francia
Después de representar durante más de cincuenta años los momentos más oscuros de la historia de la ciudad, la gran base de submarinos construida por los alemanes en la Segunda Guerra Mundial, en la Bretaña, al noroeste de Francia, se ha convertido no sólo en el símbolo de la nueva Saint-Nazaire, sino también en su principal atracción turística. En realidad, no podía ser otra cosa. Como lo demostraron los aliados en 1945, este descomunal edificio de 300 metros de largo por 130 de ancho y 18 de alto es sencillamente indestructible. Cuando intentaron terminar con él, sólo lograron arrasar el 90% de la ciudad.
Su estética brutal se ha transformado en un icono de nuestra época. Aunque a más de uno se le ocurrió dejarlo vacío, se han encontrado nuevos usos a sus catorce alvéolos, como se llaman las plazas de garage de los submarinos. La Escal'Atlantique ocupa los dos primeros y es un homenaje al mundo de los trasatlánticos. La base ocupa la terminal desde donde durante la primera mitad del S.XX atracaban barcos tan emblemáticos como el France o el Normandie. Durante dos horas se reviven las travesías de uno a otro lado del Atlántico. Se ha puesto énfasis en el glamour sin olvidarse de cómo viajaban los emigrantes o los maquinistas, reproduciendo las tripas de uno de aquellos gigantes. Se muestran multitud de objetos y recuerdos, incluido algunos del Espagne, que llevaba gallegos al Caribe a principios del siglo pasado.
Al final del recorrido, cuando se están viendo en un reconstruido cine dos películas de Charlie Chaplin (la que relata cómo fue su viaje hacia América en tercera clase y la que muestra su lujoso retorno a Europa tras hacerse famoso), una alarma obliga a dejar la sala y subirse en los botes salvavidas. En otro alvéolo se ha instalado LIFE (Lugar Internacional de Formas Emergentes) o, lo que es lo mismo, un centro de arte contemporáneo. Más allá aparece VIP, otro centro cultural, esta vez dedicado a la música. Hay salas de conciertos, estudios de grabación, residencias para artistas y un centro de documentación. En otro lado hay un café, un restaurante, una oficina de turismo y un centro de recepción de visitantes donde se pueden adquirir entradas para conocer los cercanos astilleros, donde aún se construyen barcos como el Queen Elisabeth II.
Después, hay que subir a la terraza panorámica, donde se ha colocado una extraña estructura semiesférica que estaba en el desaparecido aeropuerto berlinés de Tempelhof y que guardaba un radar de la OTAN. Enfrente, en otra base submarina se guarda el Espadon, el único submarino francés que se puede visitar. Y sólo hay que salir de la base para descubrir que aquí, hace cien años, Tintín, el Capitán Haddock y Milou buscaron al Profesor Tournesol en Las siete bolas de cristal.
| Más información: En www.saint-nazaire-tourisme.com. LD Lines (www.ldines.com) tiene tres servicios de ferries entre Gijón y St Nazaire durante todo el año (martes, jueves y domingo).
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