
por Patricia Osuna desde Bulgaria
Vacaciones en Sunny Beach. Un rincón de la costa búlgara donde, como su topónimo indica, hay sol y hay playa. Lo que no advierten es de que este binomio se ha convertido en reclamo de adolescentes impertinentes y de búlgaros ricos de nuevo -y dudoso- cuño. Así, los despistados que llegan a este punto del Mar Negro en la provincia de Burgas se encuentran sin previo aviso con una costa abigarrada y kitsch repleta de neones, chiringuitos de playa y toda suerte de comercios y atracciones para turistas.
De repente, ocurre el milagro. A apenas dos kilómetros del epicentro de la movida búlgara, ligado por un istmo artificial al continente, el pueblo-isla de Nessebar es una bomba de oxígeno, de Historia, de cultura. Sus 3.000 años -es una de las ciudades más antiguas de Europa- y el título de Patrimonio de la Humanidad por la Unesco le han salvaguardado hasta el momento de la vorágine urbanística que ha fagocitado las zonas colindantes. Aquí sí es posible tener un atisbo de la Bulgaria auténtica. La de las nietas aprendiendo a hacer ganchillo bajo la atenta mirada de las abuelas. La de las mujeres que ataviadas con los trajes tradicionales celebran la fiesta de la siega. La de los pescadores que atracan sus barcas al atardecer mientras los niños juegan en la plaza principal del pueblo.
Nessebar fue antes Menebria, asentamiento de los tracios en el siglo II a.C. También colonia griega -del período helenístico se conservan la Acrópolis, el templo de Apolo, el ágora y parte del muro fortificado que rodeaba la ciudad-. Después llegarían los romanos y se convirtió en estratégico puerto del Imperio. A estos le sucedieron los bizantinos, hasta que en el año 812 el khan Krum derrotó a los ocupantes e incorporó este botón de tierra al Imperio búlgaro tras dos semanas de intenso asedio.
Así pues, basta un rápido vistazo a su Historia para explicar la complejidad arquitectónica de Nessebar, que conserva fortificaciones tracias, edificios del Renacimiento búlgaro, casas vernáculas de madera y, sobre todo, más de cuarenta iglesias bizantinas. Aunque muchas de ellas se hallan en ruinas, otras han sido convertidas en improvisadas galerías de arte local -naïf y sin pretensiones-.
| Más información: www.visitnessebar.org.
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