por Sara Cucala desde Java (Indonesia)
Se dice que Borobudur, el templo budista de la isla de Java, fue construido sobre un lago. Que tiempo atrás seguramente flotaría sobre sus aguas tranquilas asemejando ser una flor de loto. Seis plantas cuadradas, coronadas por tres plataformas circulares, salpicada por una sucesión de budas (504 en total) que rodean el templo escondidos bajo inmensas campanas de piedra y más de 2.500 bajorelieves, que se pierden y se oculta por la cintura de 2.500 metros cuadrados del templo.
En 1991 Borobudur fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Y desde hace años, es uno de los monumentos más visitados de la isla. Se encuentra a 40 kilómetros de Yogyakarta y se sabe que fue construido entre los años 750 y 850.
Son las cuatro de la mañana. Aún la noche cubre el templo. Con lo que en el cielo solo se adivina la sombra con forma de flor que dibuja la estupa de Borobudur.
Se asciende en ayunas. En silencio. En soledad hasta la cúspide. Te sientas junto a una de esas grandes campanas con buda dentro y esperas a que un sol rojizo se eleve por encima del volcán Sundoro-Sumbing, siempre amenazante. Entonces comienzas a escuchar el canto de los monjes budistas, la partitura dedicada al sol, al amanecer, al nuevo día.
El templo es uno de los santuarios más importantes de Indonesia. Peregrinos de todo el mundo emprende al menos una vez al año un viaje hacia ‘la montaña de buda’. Posiblemente ese viaje se realice entre mayo y junio, la noche de luna llena. Es entonces cuando se celebra el Vesak, la fiesta budista en la que se conmemora el nacimiento, la muerte y ese instante en el que Siddhartha Gautama alcanza la máxima sabiduría para convertirse en Buda.
Cuando el sol ya muestra toda la bella arquitectura de Borobudur y la planicie que le rodea se adivina salpicada de núcleos de jardincillos cuidados, comienzas el descenso del templo. Entre pasillos de piedra y Budas escondidos, comienzas a encontrar hermosos bajorrelieves. Hay que bajar siguiendo las manecillas del reloj, de derecha a izquierda, y al paso ir descubriendo la historia del budismo, del karma y los secretos del cielo y del infierno y un largo etcétera con connotaciones religiosas.
Son las siete de la mañana. Con el desayuno en la mano y junto a un grupo de silenciosos budistas, el horizonte regala la vista más hermosa de Borobudur. Quizá uno de los lugares más bellos y tranquilos del mundo.
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