América

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Las hazañas amorosas del Solitario George

Las hazañas amorosas del Solitario George

por Isabel García desde Santa Cruz (Islas Galápagos)

Está ahí desde 1971, cuando lo rescataron de una muerte segura en la isla Pinta, donde unas cabras salvajes con las que compartía morada devoraban la vegetación que a él tanto le gustaba engullir. Porque hay que decirlo: come mucho, tanto que incluso tuvo que estar a dieta (pesa más de 90 kilos...) un tiempo por su propia salud. Palabras literales de su entrañable cuidador, el guardabosques don Fausto Llerena.

Desde entonces, la tortuga más famosa del mundo, el Solitario George, de 71 años, vive en cautividad en un acogedor corral de la Estación Científica Charles Darwin de Santa Cruz, una de las Islas Galápagos, ese archipiélago a casi 1.000 kilómetros de la costa ecuatoriana que ha atraído las miradas, a partes iguales, de científicos, piratas, curiosos, aventureros, explotadores y oportunistas. Sin olvidarnos del propio Darwin, que desarrolló aquí la teoría de la selección natural. O Herman Melville, que escribió Moby Dick tras su paso por el mismísimo centro de la Tierra, mezcla de paraíso ecológico y extrañas bestias de apariencia inimitable.

A todo esto se añade que el Solitario (llamado así en honor a un famosos actor estadounidense, George Gobel, que se apodaba a sí mismo de la misma manera) es el único ejemplar que queda de una de las 14 especies de tortugas gigantes que habitan en las Galápagos. Y, por ende, en el mundo, ya que este tipo de animal sólo existe aquí y en un atolón del océano Índico. Antes había tres especies más, pero se han extinguido. Y se teme que ocurra lo mismo con George (los ecuatorianos prefieren llamarle Jorge por aquello de las raíces hispanas) si una de las dos novias que le buscaron expresamente hace ya 15 años no logra darle un hijito.

Las malas lenguas dicen que a George no le gusta el sexo y que se acerca a ellas, primas lejanas de condición genética parecida, sólo para evitar que se hagan con su codiciado menú. De hecho, en el largo rato que lo contemplamos ni las mira. Sólo entra y sale de la charca, esconde enojado la cabeza y, cuando le parece, suelta un tremendo bufido. En ésas están desde que en julio y, después en agosto, las chicas pusieron por fin varios huevos. Pero las probabilidades de que den sus frutos son más bien escasas. ¿Será papá el Solitario pronto?