El relativo aislamiento de antaño ha supuesto que Antequera tenga una gastronomía propia y, aunque comparte algunos platos con la provincia, los matices son distintos.
En esta ciudad en la que irse de tapas es casi una religión resulta imposible abarcar todo el repertorio culinario: cazuelas y raciones con productos del mar y la tierra.
La climatología influye en su contundente cocina, repleta de setas, trufas, conservas, embutidos y sabrosos platos de cuchara que no dejan indiferente a nadie.
Parte obligada de una visita a Toledo es una buena comida. De hecho, son muchos los que se acercan a esta ciudad manchega a comer. ¿Y qué se come aquí? Pues mucho y bien.
Con uno de los conjuntos medievales mejor conservados de España, Segovia ofrece a sus visitantes un universo de sabores, aromas y texturas, encabezado por el asado.
Epicentro de un escenario natural sublime, donde destacan las islas Cíes, la real villa de Baiona es compendio de todo ello en su exquisita gastronomía.
La fortaleza de Monterrei articuló esta comarca fronteriza dando origen a la villa orensana, conocida por cualidades dispares como sus aguas medicinales y sus caldos.
Con una primordial influencia árabe, la cocina de esta provincia incluye los jamones de la Alpujarra, los pescados y mariscos de su costa, y los dulces, generosos en almendras y azúcar.
La ciudad que vio nacer al creador de Don Quijote es un conjunto monumental de primer orden. La cocina es otra brillante estrella de esta urbe madrileña.
Encaramada en una colina donde confluyen los dos caminos más importantes de España, esta localidad zamorana conserva trazas de su papel decisivo en la Historia española.
La situación de esta villa, en lo alto de un otero a orillas del Duero, le otorgó una posición ventajosa de la que pronto se aprovecharon nobles y reyes castellanos.
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