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gastronomía

El gazpacho extremeño

Hay muchas variedades de gazpacho extremeño. En principio todos llevan los ingredientes del gazpacho cortados en trozos en lugar de batidos, ésa es la gran diferencia con el andaluz. Muy cerca del parador, el restaurante Casa Juan (Tfno: 927 424 042. www.restaurantecasajuan.com) ofrece el gazpacho cuando llega la temporada. Es un restaurante sin lujos pero cargado de detalles y esto hace que uno se sienta agasajado por el excelente servicio y abrumado por los exquisitos platos que se presentan: colmenillas rellenas de foie, ensalada templada de bacalao, pierna de lechal rellena, torta del Casar, leche frita o mousse de orujo. Cuando llega el buen tiempo se abre la terraza, un lugar muy agradable desde el que se ve el parador. Otra buena opción es el Restaurante Viña La Mazuela (Tfno: 927 425 752. www.restuarantelamazuela.com), donde se elabora una cocina tradicional esmerada en su presentación. Destacamos sus surtidos de quesos de la región o esas mollejas de cordero y espárragos silvestres en papillote. De entre los pescados las cocochas de bacalao y erizos de mar al pilpil no defraudarán y en carnes una buena opción son las carrilleras de cerdo ibérico estofadas al vino tinto y crema de patata y limón.

con niños

Valle del Jerte

Aparte de una naturaleza de gran belleza, el Valle del Jerte ofrece muchas actividades para niños y no tan niños. En verano hay multitud de sitios donde bañarse, como los pilones de la Garganta del Infierno o en Navaconcejo. Para los más deportistas, el ciclismo de montaña encuentra en Jerte unos caminos con vistas increíbles. Luego está el parapente para los más atrevidos y el senderismo para los inagotables. Una buena dirección de turismo activo la encontramos en Acción Vera (Tfno: 650 829 856. www.accionvera.com). Con niños es muy recomendable acercarse a Valle del Jerte Parque Aventura (Tfno: 636 631 182. www.valledeljerte-parqueaventura.com), donde los más pequeños podrán disfrutar de unos momentos de ocio en los circuitos instalados en los árboles, pasando por puentes tibetanos, escaleras, tirolinas, saltos de trazan, redes, túneles y un sinfín de aventuras.

escapada cultural

Un autómata en el ayuntamiento

Un punto de partida para conocer la ciudad medieval de Plasencia puede ser su plaza mayor, donde hay que detenerse para ver y escuchar al autómata de la torre mayor del ayuntamiento. Se le conoce como el abuelo Mayorga. Toca las campanas cada media hora y, lo mejor, el himno de Plasencia a las 12 de la mañana y a las 8 de la tarde. En esta plaza todos los martes se celebra un mercado de tradición secular. Los mercados se concedían por privilegio real, libres de impuestos y gravámenes. Aunque ahora esto no funciona así, los productos de los puestos no han cambiado mucho. Plasencia tiene dos catedrales a falta de una. La Catedral Vieja se construyó entre los siglos XIII y XIV y es de estilo románico de transición al gótico. Hoy alberga el museo catedralicio. Bajo un rosetón, el portón románico da paso al altar mayor y a una serie de capillas. En el claustro, se une a la Catedral Nueva, del siglo XV, fundiéndose los estilos románico y gótico. También merece la pena ver las seis puertas de las ocho originales que quedan en la ciudad. Más información en www.aytoplasencia.es o en la Oficina de Turismo (C/ Santa Clara, 2. Tfno: 927 423 843).

Paradores en Extremadura

Parador de Plasencia
En tierra de ferias

RESERVAS

Plasencia podría llamarse La Bendita por la cantidad de iglesias y conventos que sus murallas encierran. Aunque la mayoría ya no está en uso, hubo otros tiempos en los que la ciudad se llenaba de hábitos y las campanas repicaban a maitines o a vísperas. De hecho, hasta tiene dos catedrales, la nueva y la vieja. No es de extrañar, por tanto, que el parador se ubique en un antiguo convento.

Félix, su director, es el mejor guía para entender dónde estamos. En sus palabras hay ilusión, pasión y sabiduría. Con elocuencia explica la recuperación de una bodega, la limpieza de un muro o el uso de una columna. Su hotel es un elemento vivo cargado de historia.

Siempre resulta chocante el fácil acceso al parador a través de un ascensor que nos evita el desagradable momento de intentar aparcar. Qué placer olvidarse del coche y empaparse de tranquilidad. Para historia, la de este parador-convento del sigo XV, que fue construido por una familia noble, los Zúñiga, quienes por un milagro que devolvió la vida a su único hijo donaron el convento a los monjes dominicos. La construcción y puesta en funcionamiento del convento fue todo un compendio de burocracia, papeleo y correspondencia entre el clero, los nobles e incluso los Reyes Católicos.

Hay mucho silencio en el parador y la verdad es que impresiona saberse en la sala capitular, el refectorio o el claustro de los monjes. Tan bien está preservado el estilo monacal que uno espera encontrarse a un monje en cada vuelta de la esquina. Hay arte por cada rincón, sobre todo si se mira al techo, ya que el estilo del convento es gótico y los arquitectos de entonces construían con miras al cielo. En cada pared encontramos una estatua, un mural, un artesonado de madera, un escudo en la piedra, una inscripción en latín... Cada uno de ellos habla de su propia historia y son, sin duda, uno de los atractivos de este establecimiento. Hay que hacer una visita durante el día y otra durante la noche, cuando el convento se ilumina con suaves luces diferidas que lo transforman en un lugar casi mágico.

Pero no sólo de arte vive el hombre y en el convento se come muy bien. El antiguo refectorio es ahora el restaurante y aún conserva el púlpito desde donde se leían libros píos para amenizar la frugal comida. Otro elemento original es un friso que hacía de respaldo de un banco, hecho con cerámica de Talavera del siglo XVI. La moda de hermanar ciudades españolas con otras del mundo no es una costumbre moderna como pudiera parecer. Prueba de ello es que ya, en 1248, las ciudades, entonces más bien pueblos o villas, de Plasencia y Talavera firmaron una carta de hermandad.

Posiblemente por eso, este friso y los nombres de algunas de las calles de Plasencia están pintadas en cerámica de Talavera. El aceite de oliva virgen extra es el protagonista en la cocina y está presente en muchos platos como el gazpacho acompañado de trigueros y virutas de jamón o el que empieza a ser el plato estrella: el bacalao monacal. La carta de postres es tan sorprendente como exquisita y la tarta de bellotas es una buena opción.

La antigua bodega es uno de los lugares más interesantes del convento y una apuesta por los gustos modernos de las salas chill out. Una sala abovedada de ladrillo acoge un bar de amplios divanes con cojines, luz de velas y música ambiental. ¿Elevarse en meditación? Eso es opcional.

    datos útiles

    • DÓNDE: Parador de Plasencia. Plaza San Vicente Ferrer, s/n. Plasencia, Cáceres. Teléfono: 00 34 927425870. Fax: 00 34 927425872. E-mail: plasencia@parador.es
    • HABITACIONES: 49 habitaciones con salón y nueve dobles (ocho con cama de matrimonio).
    • HABITACIÓN ÚNICA: La suite La Florida (401) es una de las estancias más espaciosas y confortables de este antiguo convento. Cuenta con un salón independiente desde el que se accede a la habitación de cama matrimonial con dosel de 180 x 200 metros y un cuarto de baño con bañera de hidromasaje. Destaca su amplia y magnífica terraza con vistas al jardín.
    • SERVICIOS: Restaurante y bar, salón de conferencias, piscina de temporada, gimnasio, garaje...
    • PRECIO: Desde 60 euros.
    • CATEGORÍA: 4 estrellas.
    • TIPO DE HOTEL: Convento/Monasterio.
    • LOCALIZACIÓN: Ciudad.

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