En 1520, Hernán Cortés y unas docenas de españoles derrotaron en Teotihuacán a 50.000 guerreros aztecas. Fue una batalla crucial que cambió el curso de la historia. Los vencedores describieron después el lugar como «un atractivo valle situado entre dos altas colinas».
Hay una isla al sur de Formosa y al norte del archipiélago filipino donde a las vacas las llaman 'vacas'. Uno se queda de piedra al oír a los nativos yami referirse a los pacíficos bovinos igual que lo hacen los ganaderos del Valle del Pas. Es posible que el vocablo lo aprendieran de los españoles de la vecina Batan, una isla filipina situada a menos de sesenta millas, donde seguramente vieron por primera vez una animal así.
Ya anuncié la semana pasada que continuaría escribiendo sobre este viejo pueblo tan poco conocido y menos comprendido. A quien haya llegado aquí de nuevas, le recomiendo que se lea mi crónica anterior antes de seguir con ésta.
Al escribir sobre los bosquimanos siempre dudo si hacerlo en presente o en pasado. Algunos quedan, desde luego, pero su época de esplendor hace tiempo que pasó. Hoy, diezmados y orillados, sobreviven en precario y, por no tener, no tienen ni futuro, así que en esta ocasión optaré por referirme a ellos en pasado.
Primero fueron canciones de guerra. Después, cantos religiosos. Las insuperables voces corales georgianas, que arrastran una tradición de tres mil años, siempre han sido cosa de hombres.
Estas crónicas se nutren del asombro, la emoción, los hallazgos, personajes y reflexiones que me salen todos los días al paso, en cualquier lugar.
Para FLS, filósofo de vocación, colaborador habitual de EL MUNDO, conferenciante, escritor y viajero, "lo mejor de un viaje es contarlo". Entre sus libros destacan 'Viaje al silencio', 'Cosas que aprendí de Oriente' y 'La Europa escondida'.
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