Los mercados de Estambul, los de Bangkok, de Fez, de Nápoles, los de Ubub... Reinados repletos de aromas, de colores. Para mí no hay mayor tentación que viajar a Asia y perderme por esos mercados que en muchas ocasiones se mezclan los punzantes olores de las carnicerías con el salazón de los pescados recién pescados y estos con la ternura de los tés aromáticos y las frutas secas.
Los vientos gélidos acunan las barcas vetustas de los pescadores noruegos. En ese gélido y casi perdido rincón de Europa, hablo de las Islas Lofoten, los hombres salen antes del amanecer en busca del preciado bacalao nórdico, el skrei.
Cuentan que Louis Arsmtrong llegó a jurar que sería capaz de dejarse arrojar al Missisippi atado de pies y manos con tal de que antes le hubiesen permitido soplar una trompeta junto a Joe King Oliver, eso sí, después de haber compartido con él unos frijoles rojos con arroz y salchicas ahumadas con salsa criolla.
A veces recorres el mundo buscando los sabores más auténticos de las cocinas del mundo y eso hace que olvides que en el país en el que vives hay gente que está haciendo maravillas para yantar y beber.
Podría trazar un viaje cuya esencia de la ruta fuera única y exclusivamente perseguir los mejores lugares del mundo donde codearse en una excelente barra. La ruta sería tan larga que necesitaríamos más de 80 días (claro) para dar la vuelta al mundo.
El primer viaje es el que se hace desde el vientre materno. Todo lo demás es un sortilegio de placeres sensuales, a muchos de los cuales sólo se llega a través del paladar.
Periodista, filóloga y escritora. Desde hace años sus crónicas de viajes nacen de los aromas, las texturas y las esencias que emanan de la cultura de un país. Acaba de publicar Desayunos en Madrid (RBA).
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