Ventanilla o Pasillo

¿Es el Hurtigruten un anticrucero?

Debe haber pocas experiencias más placenteras que despertarse en medio de un fiordo noruego  escuchando  a Tore Ljokel tocando en solitario el saxo. Esa es con bastante probabilidad la única música que se puede escuchar en directo durante un recorrido del mítico Hurtigruten.  Pero  para mí, me basta  y me sobra.

Es cierto que  ahora se ofrecen unas cuarenta excursiones a los pasajeros desde  los 34 puertos que toca cada uno de los once  barcos que realizan el recorrido pero el Hurtigruten sigue funcionando como un servicio público, subvencionado por el estado por cierto,  tal  como comenzó siéndolo  hace casi 120 años cuando se le ocurrió la idea a  Richard With.

Hasta 1893 no sólo no había servicio regular entre todos los puertos de la costa noruega pero tampoco se podía navegar de noche y muchas de las comunidades del norte del país permanecían prácticamente aisladas del mundo.  En muy pocos años sin embargo funcionaría los 365 días, como correo y transporte tanto de personas, coches como mercancías. 

Es importante recordar que se sigue pudiendo utilizar de forma totalmente flexible,  entre cualquiera de los puertos, desde Bergen a Kirkenes, ya sea durmiendo en un camarote, como quedándose en cubierta.  En el único restaurante que hay en cada barco se come muy bien pero sin ningún protocolo, ni aire de fiesta o vacaciones. Los camarotes son cómodos, contando ahora con sus propios cuartos de baño y agua corriente potable,- se ofrecen incluso varias suites bastante lujosas-, pero no se siente en ningún momento ese ambiente de crucero tan particular. Sobre todo nadie intenta entretener a nadie de forma compulsiva.  Es difícil distinguir entre el pasajero local que viaja por necesidad y el que ha contratado un paquete turístico por doce días que es lo que se tarda en hacer el viaje completo de ida y vuelta a Bergen.

Y ese ambiente no va a cambiar a corto plazo. Se han hecho varias encuestas entre los pasajeros y nadie quiere algo distinto, salvo quizás más excursiones para avistar aves marinas.

Si el cuerpo pide bajarse en un puerto, sólo se necesita  recoger el  chubasquero (prenda imprescindible en Noruega) y acercarse a la puerta de salida, comprobando a qué hora tiene el barco previsto su salida. En la mayoría de estos pueblos costeros no hay que esperarse nada especial. Que nadie piense en un producto turístico 'adhoc', ni siquiera se le ocurra buscar una tienda de recuerdos. Como mucho un colmado donde se vende un poco de todo y un café que haces las veces de bar. Pero si se buscan experiencias extraordinarias, ahí están.  Cada una de las excursiones facultativas incluye algo muy especial. Desde ver pescar a águilas marinas, descubrir el Museo Hutigruten,  a escuchar un concierto a media noche en Tromso en una iglesia extraordinariamente hermosa, a recorrer un fiordo en kayak, aprender a filetear pescado, seguir una visita pormenorizada de la Catedral de Trondheim o en invierno, disfrutar de un paseo en trineo tirado por perros, o en motonieve,  sin olvidarse de ir en busca  de auroras boreales. Bueno, ese lujo se  puede tener  incluso sin moverse del barco.

No,  a mi parecer, el Hurtigruten se parece muy poco a lo que yo entiendo por un  crucero. Y sin miedo a caer en el tópico, debe ser una de esas contadas vivencias que, de verdad, si el presupuesto lo admite,  recomiendo probar por lo menos una vez en la vida. En España se puede reservar a través de www.hurtigrutenspain.com

Queremos saber tu opinión
Usuario registrado
Recordadme en este ordenador
Recuperar contraseña »
¿Eres un usuario nuevo? Regístrate