5ª Avenida

Vivir en Las Vegas

Como cada mes de enero comienzo el año en Las Vegas. No es una resolución ni un intento de ver si la ruleta me ahorra los próximos 12 meses de trabajo, aunque siempre pruebo suerte. Se celebra el Consumer Electronics Show, la feria de electrónica más importante del año y para quienes escribimos de tecnología es una cita imprescindible.

La mayoría de los 38 millones de turistas que acuden a Las Vegas cada año se aloja en un hotel del "strip", esa calle que condensa la mayoría de los hoteles y casinos de la ciudad y cuyo auténtico nombre es Las Vegas Boulevard. Yo no soy una excepción. Este año he tenido la suerte de repetir en el THE Hotel, un fantástico hotel en el que todas las habitaciones son suites y que está un poco alejado del bullicio de los casinos. Es parte del complejo del Mandalay Bay pero tiene una entrada privada y quien no quiera ver una máquina tragaperras en toda su estancia puede hacerlo.

Hay un segundo tipo de turista, sin embargo, que cada año tiene más peso en la economía de Las Vegas. Son los que compran una segunda residencia en la ciudad. La crisis inmobiliaria se ensañó de forma especial con este parque de atracciones para adultos y muchos de los desarrollos inmobiliarios tienen ahora un precio relativamente bajo. Para muchos californianos, por ejemplo, tiene más sentido comprarse una segunda casa en Las Vegas en lugar de hacerlo en la propia California, donde los impuestos de propiedad son mucho más altos. 

¿Qué ofrece Las Vegas para quienes quieren vivir ahí, aunque sea sólo unas pocas semanas al año?

Esta semana he visitado dos de las ofertas más lujosas de la ciudad. La primera es el Trump International Hotel. Es un hotel con modelo mixto de condominio y alquiler de habitaciones. Esto quiere decir que es posible comprar, por ejemplo, un apartamento de una habitación y el hotel se encarga de alquilarlo cuando permanece desocupado. "Nuestros clientes buscan un lugar lo suficientemente cerca del 'strip' pero que al mismo tiempo les permita tener un poco más de tranquilidad", dice Jason Demuth, responsable de marketing de la propiedad. 

El Trump International tiene el mismo aspecto que otros hoteles de la cadena, incluido el tinte dorado -con partículas de oro, de hecho- en sus ventanas y las espectaculares lámparas colgantes que son sello personal de la familia Trump. Presume de un spa considerado entre los 20 mejores de todos los Estados Unidos. En total tiene 1.280 suites, incluidas 50 en lo alto del edificio con más de una habitación.

Los precios de compra pueden ir desde los 250.000 hasta los 3 millones de dólares pero para quienes sólo buscan quedarse unas noches y usar el Trump como un hotel convencional la estancia en una suite básica sale por unos 150 dólares en estos meses -temporada baja-. Uno de los atractivos es que es uno de los pocos hoteles con piscina climatizada abierta todo el año.

La segunda propiedad que visité es uno de los edificios de apartamentos más lujosos de la ciudad. One Queensridge Place, en el exclusivo barrio de Summerlin. Está a unos 15 minutos del strip y el centro de Las Vegas en coche y es uno de los pocos edificios que se han podido construir en altura tan alejados del centro.

Es fácil mantener la boca abierta durante toda la visita ya que cada estancia, apartamento y zona común supera a la anterior en lujo y detalles. El edificio se ha construido con materiales traídos de todos los rincones del mundo y aunque el estilo general es clásico hay algunos apartamentos con una decoración más contemporánea.

Quienes viven en One Queensridge Place disfrutan de una de las mejores vistas de Las Vegas, con las luces del 'strip' a lo lejos durante la noche y las montañas que rodean a la ciudad durante el día. El complejo está rodeado por nueve campos de golf y un centro comercial de lujo. Tiene spa, piscina interior y exterior, sala de cine, gimnasio, cafetería, áreas comunes que pueden utilizarse para realizar fiestas privadas, sala de póquer -dos de los mejores jugadores del mundo tienen una residencia en el edificio- e incluso una bodega con cocina independiente para eventos de cata y en la que todos los residentes tienen espacio para 50 botellas.

Randy Char, vicepresidente de ventas, dice que quienes compran un apartamento en un sitio como One Queensridge Place generalmente buscan una verdadera segunda residencia que no de la sensación de estar en un hotel. El edificio, en cualquier caso, tiene una recepción y un servicio de conserjería que puede ayudar a reservar un restaurante, por ejemplo, u organizar un viaje. Los residentes, sin embargo, pueden subir a sus casas directamente desde el garaje y la gran mayoría tiene acceso directo desde el ascensor. 

La joya del complejo son sus cuatro áticos. Todos cuentan con bodega privada dentro de la residencia, spa, piscina y terraza, observatorio y cuatro ascensores diferentes -dos de servicio- para sus tres plantas. También con 16 plazas de garaje. El precio de uno de estos exclusivos áticos supera los 15 millones de dólares. Los estudios en el edificio comienzan en 700.000 dólares. Incluido en el precio, por supuesto, está el privilegio de vivir en una ciudad en la que es imposible aburrirse.

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