Asia en la maleta

Kep, reinventando Camboya

Algo está cambiando en Camboya. Hasta hace bien poco las imágenes que se asociaban con el país del sudeste asiático eran fundamentalmente dos: las de los majestuosos templos de Angkor o las de las atrocidades cometidas por el fanatismo de los jemeres rojos bajo el mando de Pol Pot. No en vano, una quinta parte de la población camboyana fue eliminada en la década de los 70 durante la brutal dictadura, que marcó a las generaciones actuales con heridas aún por cicatrizar.

Pero  poco a poco se empiezan a oír noticias que nada tienen que ver con lo anterior. Imágenes de playas paradisiacas, hoteles joya escondidos en la jungla y ecos de un nuevo paraíso por descubrir en este rincón de Asia.

En Kep, una pequeña localidad en la costa sur de Camboya en el Golfo de Tailandia, se está forjando una nueva imagen de Camboya, cuyos orígenes se remontan a los años 20, mucho antes del particular infierno que viviría este país de naturaleza salvaje y gente sonriente y amable. Kep fue el Saint-Tropez de los colonos franceses, que disfrutaban de las maravillosas vistas del Golfo de Tailandia y a  la que bautizaron como La Perle de la Côte d’Agathe. Historias de fiestas a las que acudía el rey Norodom Shianouk, Catherine Deneuve o Jackie Onassis aún flotan en el ambiente. Este pasado elitista fue suficiente para que la localidad entrase a formar parte de la lista negra de los jemeres rojos, que la arrasaron casi en su totalidad durante los años 70. Y así permaneció, como una ciudad fantasma hasta hace casi 10 años, cuando nuevos visionarios redescubrieron el potencial de Kep y comenzaron a restaurar sus mansiones coloniales para devolverle su gloria perdida. El hotel Knai Bang Chatt, con sus magníficas villas a pie de playa, es un buen ejemplo de ello. El edificio principal fue diseñado en los 60 por un discípulo de Le Corbusier, y hoy es el hotel más lujoso de la zona. Veranda es otra opción más sencilla, a 65 dólares la noche. Si los chinos, coreanos y rusos que están comprando islas enteras en Camboya no lo estropean, este bien podría ser un nuevo comienzo para el país de los gritos del silencio.

 

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