por IÑAKI GIL
Son las cinco de la mañana. La capital japonesa se despereza y en Tsukiji, el mercado de pescado más grande del mundo, se trabaja ya a tope. Hasta hace unas fechas se permitía el acceso a los turistas. Ahora se va a implantar una moratoria porque los trabajadores se quejan de las interferencias en uno de los mejores espectáculos de Tokio. Comerciantes, distribuidores, pescaderos... la actividad es constante y no se deja nada a la improvisación. Esta gigantesca lonja es de visita obligada si uno quiere respirar de cerca el famoso ajetreo y el movimiento que caracterizan la megápolis japonesa.
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