por SERGIO FERREIRO
De pronto, Amsterdam, tan viva y agitada de día, adquiere la más romántica atsmósfera cuando cae la noche y se encienden las luces amarillas. Este rincón es el cruce de los canales Herengracht y Reguliersgracht, este último uno de los más pequeños de la ciudad, pero también uno de los más bellos con sus casas torcidas y sus siete puentes, uno detrás de otro. Este secreto sí que debe ser guardado.
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