La Postal

Un San Valentín a lo canadiense

Es un clásico: el Día de los Enamorados hay que situarse entre el par de corazones que custodian la entrada del Museo de Bellas Artes de Montreal y hacerse una foto, cuanto más apasionada mejor. Pero ya que está ahí, entre dentro. Picasso, Monet, Renoir o Napoleón esperan.

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Le dio por los corazones en los años 60. Le pidieron que urdiera la decoración de una obra de teatro, la de El sueño de una noche de verano, y él la inundó de gigantescas piezas a lo Cupido por todas partes, tanto en el escenario como en el vestuario de los actores. A partir de ahí, el símbolo del amor por excelencia se convirtió casi en una obsesión para Jim Dine (Cincinnati, 1935), una de las figuras clave del pop art estadounidense y responsable número uno también de los happenings, esas obras de arte en forma de evento.

Los ha diseñado de todos los colores, tamaños y materiales. Pero estos corazones, enfrente del Museo de Bellas Artes de Montreal, forman parte de la idiosincrasia de la ciudad canadiense (están aquí desde 1999). Más aún si uno se pasa en San Valentín. Entonces, hay quien se marca un simpático ritual. Y es el de hacerse una foto entre estas esculturas talladas en bronce color rojo fuego. Y si es dándose un beso, mucho mejor.

La efigie tiene nombre: Corazones Gemelos'6. Pero que nadie se lleve a engaño: su autor no buscaba convertirse con él en el Cupido Mayor del Reino. Más bien, disfruta exprimiendo las jugosas formas geométricas y «anatómicas» de un corazón, como él mismo cuenta. Lo de las connotaciones románticas hay que dejarlo a un lado. Lo que no quita para marcarse la clásica foto el 14 de febrero.

La huella de Dine sigue en el hall del museo, donde la figura de otro corazón azul reaparece bajo el nombre de Después de la inundación. Dentro de él, se suceden, a modo de vendaval, todo tipo de herramientas (martillos, soldadores, destornilladores...). Dice Dine que la culpa la tiene su padre, dueño de una ferretería. Aunque sus obras también rinden culto de forma reincidente a Pinocho y a las batas (sí, de ropa). Cosas de artistas.

Ya que el viajero ha llegado hasta aquí, tiene que escudriñar las joyas del museo, uno de los más importantes de la ciudad, con piezas de Picasso, Monet, Rembrandt, Renoir o El Greco. Y hasta una zona dedicada exclusivamente a Napoleón. En ella no falta el sombrero que dos picos que utilizó en la Campaña de Rusia de 1812, unas botas y unos guantes de montar o una jarra de leche con su escudo de armas. También podrá encontrar utensilios de los inuits, cajas de incienso japonesas o muebles victorianos. La mezcla sigue con sus fantásticas exposiciones temporales, que igual están dedicadas a Andy Warhol que a Walt Disney, Yves Saint Laurent, los guerreros de Xian o Jean-Paul Gautier.

| Más información en el Museo de Bellas Artes de Montreal (1380, Rue Sherbrooke Ouest) y en las webs de Turismo de Montreal y de Quebec.