Reflejo duplicado del Museo Cristóbal Balenciaga, en Guetaria, su localidad natal.
Reflejo duplicado del Museo Cristóbal Balenciaga, en Guetaria, su localidad natal.

Escapada

Guetaria, según The New York Times

La Grey Lady ha colocado a esta localidad marinera guipuzcoana en el mapa de los viajes imprescindibles de este 2013. Motivos no le faltan, unas líneas más abajo se los contamos.

Por una vez, empezaremos por el final. Por el oráculo. El viernes pasado la sección de viajes de The New York Times publicaba Los 46 lugares a los que ir en 2013. Entre ellos, dos eran españoles: Burgos y Guetaria. A muchos sorprendió la inclusión del segundo. Otros, entre los que se encuentra quien esto escribe, lo recibieron conmovidos. Como cuando se hace, inesperadamente, Justicia.

El pequeño pueblo marinero de Guipozcoa tiene razones de sobra para ser recomendado, visitado y revisitado. La primera (y el orden de los factores no altera el producto) se apellida Balenciaga, «el único verdadero couturier» y eso no lo dijo The New York Times, sino Coco Chanel. Allí nació el maestro un 21 de enero, y a él se dedica un museo imprescindible, pese a que no se formen largas colas a sus puertas.

A sus pies, maestro

Interior del museo.

El Cristóbal Balenciaga Museoa es tan discreto como emocionante. Emociona su arquitectura, anexa al Palacio Aldamar, antigua residencia de los marqueses de Casa Torre, a la sazón abuelos de Fabiola de Bélgica pero, más importante, mentores de este hijo de costurera y marinero.

Da la bienvenida un espacio abierto, salpicado por el verde de unas sillas huevo de Jacobsen. La colección está en el piso superior y comprende desde los uniformes para azafatas de Air France hasta sus célebres vestidos de novia, pasando por toda una trayectoria vital con la que hilvanó él solito la Moda universal y la silueta de la mujer -que se dice pronto- con la falda balón, las túnicas, el vestido saco o los baby doll...

Como si esto no fuera suficiente, el segundo motivo es el mar. Y su horizonte que a veces no se ve porque el Cantábrico... ya saben cómo es el Cantábrico. Ese mar es el que vio nacer y partir a Juan Sebastián Elcano, líder -tras la muerte de Magallanes- de la expedición que dió la primera vuelta al mundo. Por él y por tantos individuos anónimos Guetaria sigue siendo un enclave marinero heroico, hasta el que se accede por una de las carreteras costeras más bellas del mundo, la N-634, no sólo por lo dramático del paisaje, sino porque al asomarse uno no sabe qué le espera.

Parrilla en el restaurante Elkano.

Y el tercer motivo (esperable, éste sí), tratándose de estos lares, no podía ser otro que la gastronomía. O dicho mejor, y menos finamente, a Guetaria hay que ir porque se come realmente bien. Eso lo sabe quien se ha sentado en una mesa de Elkano.

El porqué del 'affaire'

San Sebastián.

¿Entienden ahora por qué The New York Times ama Guetaria? Además, en este mundo, y no porque se trate de Balenciaga, nadie da puntada sin hilo. Para muestra, un botón (o varios): la colección más impactante de Balenciagas del mundo la atesora la Universidad de North Texas. Además, a los estadounidenses les encanta el País Vasco: les chifla la añeja elegancia chic -cual sucursales parisinas- de San Sebastián o Zarautz del mismo modo que les pirra el txacolí (cuya denomiación de origen es, por cierto, Guetaria) en particular y su gastronomía en general. Finalmente, desde este verano la zona vuelve a contar con un hotel único: el centenario María Cristina que pertenece a la cadena de hoteles estadounidense Starwood Hotels, el 27% de cuyos huéspedes proceden de Estados Unidos.

Conociendo el alcance prescriptor del diario por excelencia de Estados Unidos (uno de los hoteles más exquisitos de Mallorca hospedó este verano a una familia estadounidense sólo porque querían comer la paella publicada en la revista de estilo de ese periódico) ya sólo queda decir: Bienvenidos, Mr. Marshalls.