La Postal

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La Ópera de Wagner, Puccini y... Justin Bieber

Esta montaña de mármol, este 'iceberg' que surge imponente del fiordo, alberga la Ópera y el Ballet de Noruega, pero es mucho más.

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La Ópera de Oslo se levanta en el embarcadero de Bjorvika, a orillas del fiordo, como una inmensa mole de mármol blanco que recuerda a un colosal iceberg. Está construida y diseñada para aguantar 300 años, aunque cuando el verano pasado, al cartel de los mejores tenores y sopranos del mundo se sumó un concierto gratuito de Justin Bieber y desembarcó la muchachada histérica de media Europa, hubo quién temió por la integridad de este escenario único, ya símbolo por excelencia de la ciudad de Oslo.

No pasó nada. De hecho, ese tipo de conciertos al aire libre y con el escenario flotando en el agua frente al edificio es sólo un ejemplo de las posibilidades que ofrece esta celebrada ópera, cuyo techo de rampas puede servir de improvisado patio de butacas.

El estudio Snohetta, creador de esta montaña blanca de mármol y cristal, ganó el concurso para su construcción porque presentó un proyecto monumental, sensacional a juicio de muchos expertos. También porque reflejaba esta filosofía social-demócrata, profundamente enraizada en el sentir popular noruego, por la que hasta la ópera hay que concebirla como un lugar de encuentro en el que caben todos.

Se nota en las enormes cristaleras, ideadas para que todo el que se asome vea qué se cuece en el interior de la Ópera. Se nota en sus restaurantes, instalados en el entrada principal con fantásticas vistas al fiordo y abiertos a todo el que quiera, tenga entrada o no esa noche. Y se nota en los precios y las posibilidades de disfrutar de los espectáculos. Todos los días de función, a las 9 de la mañana, se ponen a la venta las entradas VIP (reservadas para la familia real, por ejemplo) que no hayan sido confirmadas, así que todo el mundo puede adquirir las mejores entradas. Y no crea que por un precio astronómico. Los asientos más caros del auditorio cuestan en torno a las 700 u 800 coronas, alrededor de 100 euros.

No puede perderse este singular edificio si viaja a Oslo. Existe una visita guiada por el interior que no tiene desperdicio porque estamos ante una ciudad en miniatura. Una ciudad donde trabajan a diario 650 personas, que alberga tres escenarios distintos con una versatilidad escenográfica de quitar el hipo (algunas zonas se sitúan a 16 metros bajo el nivel del mar) y más de 1.000 salas o workshops donde se diseñan los trajes de los personajes de ópera más famosos de la historia, donde se dan clases de baile a las futuras figuras del ballet o donde se confeccionas sus zapatos, las famosas bailarinas. Sepa que un bailarín puede usar 90 pares de zapatillas en una sola temporada.

El auditorio principal, en forma de herradura, es de roble del Báltico y resulta mucho más íntimo y acogedor de lo que uno espera. En total 1.350 butacas, cada una con una pantalla individual para leer subtítulos en ocho odiomas diferentes. Así que no hace falta ser un apasionado de Verdi para maravillarse de este lugar, pasear por su techo y disfrutar de las vistas de este rincón de la añeja capital escandinava. Y un último consejo, déjese caer por los aseos del lobby. Merece la pena.

| La nueva Ópera de Oslo. Kirsten Flagstads Plass 1 0150 Oslo, Noruega. www.operaen.no. Las visitas guiadas son diarias y cuestan 100 coronas, unos 13 euros.

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