Chile

Barrio Italia,
lo más 'in' de Santiago

Cafés orgánicos, faldas retro, anticuarios, fábricas reconvertidas en galerías de arte, talleres 'chic' de tricotar, cuentacuentos... Y hasta una tienda donde todo tiene forma de gato. O un bar en el que enseñan a comer lechuga de 100 maneras. Es lo último en la capital chilena.

Empezó siendo el típico barrio improvisado al que se iban sumando agricultores, obreros y todo el que venía de provincias a Santiago (de Chile) olfateando fortuna. El casco antiguo se quedaba corto y algo había que hacer. En resumen, un rincón medio rural, medio deprimido y medio barato al que tardó en llegar la electricidad, el alcantarillado y el tranvía. Pero llegaron. Y con ellos, ya entrado el siglo XX, las quintas (casonas coloniales) aparentes y los tipos con sombrero en busca de algo de naturaleza, imposible de catar entre el jaleo del centro. Aunque fuera para su segunda residencia...

También surgió un teatro, el Italia, levantado en 1936. No en vano, este monumental edificio art déco cambió el nombre a la zona, pasándose a llamar Barrio Italia, el sitio de moda de Santiago de Chile hoy en día. Su epicentro es la Avenida Italia y baila entre dos aguas: las de las comunas de Providencia y Ñuñoa.

Nido de anticuarios

Volviendo a su epicentro, al teatro, ya no estrena obras. Su futuro pasa más bien por convertirse, entre varias propuestas pendientes, en un vanguardista centro de diseño. Es el sino del barrio, al que han puesto de patas arriba en los últimos tiempos. En el buen sentido, que conste. Es decir, una nueva generación de artistas, chefs, diseñadores, orfebres, estilistas y todo tipo de profesionales creativos imaginables se han juntado aquí. Incluidos los anticuarios, presentes desde los años 70 y ahora multiplicados.

La premisa de los comerciantes es respetar el espíritu de barrio de la zona

El sitio es lo menos. Ya sea en anteriores galpones (almacenes) o en palacetes de interminables techos y baldosas a cuadros. En patios al aire libre o en garajes en desuso. En antiguas fábricas de sombreros o a pie de calle, enfrente de la carnicería, el taller de coches o el ultramarinos de toda la vida, que también los hay. Porque ésa es otra: una de las premisas de los comerciantes es respetar el espíritu de barrio tan arraigado.

Este tipo de locales con solera forman parte del circuito Patrimonial, uno de los cuatro en los que se dividen los negocios del barrio. Los otros tres: de Diseño, Gastronómico y Cultural. Y cada título cuelga en cada entrada. Hay de todo: faldas vintage en Italia Mía, talleres de tricotaje en el telar Marcela Polloni, librerías con conciencia como Nosotrxs, fotogénicas tartas en el Café Survenir, de aire retro hasta en la vajilla de la abuela...

Tocados por encargo

La lista sigue con glamourosos tocados por encargo en Linda Luisa, galerías de arte a granel, catas de vino (o de café orgánico), sesiones dominicales de cuentacuentos, japos de diseño o cómodas de finales del XIX. Tampoco faltan tiendas inspiradas única y exclusivamente en el mundo gatuno: mochilas, bolsos, llaveros, cojines... Carita de Gato se llama el sitio.

Existen cuatro circuitos: Patrimonial, Gastronómico, de Diseño y Cultural

O incluso locales (Vergel) donde enseñan a degustar una lechuga de 100 formas diferentes. Salón de té y emporio saludable es el lema que reza en la puerta, donde también sirven comida mapuche. El local está incluido dentro del Espacio Oops, donde igual dan un curso de maquillaje que venden alfombras o exponen obras del artista más radical del momento.

Y esto es sólo una muestra... Si quiere continuar el paseo, lea Dónde comer (guía derecha). Eso sí, los fines de semana es un ir y venir constante de parroquianos. Aunque los comerciantes cada vez se inventan más eventos para atraer al público cualquier día. Léase degustaciones, concursos, ventas nocturnas con animaciones, descuentos, la ruta de los cafés (o del diseño o de las galerías), conciertos o charlas culturales. Será por ideas...