Hospes Palacio del Bailío

Un guiño a la antigüedad

Hasta el spa tiene un pasado remoto en este hotel para viajeros sensibles donde el desayuno se sirve sobre vestigios romanos y se respira el espíritu de una ciudad única en el mundo.

Piense en el lujo, pero olvídese de esos cinco estrellas fabricados -y exportados- en serie. Piense en la etiqueta boutique, pero sin imaginarse un diseño excéntrico que le dilate la pupila. Piense también en un edificio histórico, pero sin caer en un vetusto monumento nacional. Fantasee finalmente con el placer de descansar fuera de casa en un lugar singular, y de sentir un aluvión de sensaciones en una ciudad única en el mundo... Bienvenido al Palacio del Bailío.

Imbuido en el entramado de los patios y plazas del casco histórico cordobés, este establecimiento es una de las joyas de esta ciudad habituada a mirar atrás en el tiempo. El Palacio, una antigua casa solariega, combina arte, exclusividad, confort y una memoria histórica de elefante que llega hasta el dominio romano de esta margen del Guadalquivir.

La estancia aquí tiene tintes culturales y muy sensoriales: la mermelada de lila en el desayuno, el dulce aroma de los naranjos en el patio, la exótica belleza de arcos y ventanas mudéjar, las burbujas de un auténtico baño romano, una reparadora piscina de sal...

Mosaicos y baños romanos

El palacio es dueño de un documentado pasado antes de convertirse en hotel de cinco estrellas, el único en el interior de la antigua ciudad califal. Hay huellas de moradores romanos y, tras la Reconquista, de familias ilustres como los Fernández de Córdoba.

De los primeros ha quedado un maravilloso mosaico, el más grande e intacto encontrado en el Península Ibérica: unos 18 metros cuadrados de teselas que se pueden apreciar a través de un cristal que separa los cimientos del palacio del principal salón del hotel, donde se toma el desayuno. Herencia de los segundos son los frescos del Gran Capitán que adornan las parades del mismo salón.

La singularidad de este hotel continúa en su spa, parte del cual data también del siglo II a.C. Todos los huéspedes tienen acceso a las tres piscinas interiores (de agua caliente, fría y templada) que constituyen una zona de bienestar a imagen y semejanza de la idearon los romanos hace 2.200 años. Al spa se accede por uno de los cuatro patios del palacio, fieles testimonios de la típica arquitectura cordobesa.

Juego de contrastes

Entre un patio y otro, el hotel juega a los contrastes con espacios vanguardistas donde reinan el minimalismo intencionado y los colores neutros. No verá elementos de decoración. No los hay, ni siquiera cuadros o ilustraciones que distraigan la vista del edificio o alteren su ánimo.

El Palacio del Bailío dispone de 53 habitaciones. Muchas tienen bóvedas de crucería y ladrillo visto que ofrecen un aspecto monacal, aunque están equipadas con todas las tecnologías de un hotel de lujo. Y en los cuartos de baño, lejos de evocar épocas pasadas, se impone un radical diseño contemporáneo.

El hotel depara más sorpresas, que hay que descubrir y disfrutar entre baño y baño en su piscina exterior de agua salada, situada en el patio principal, entre graznidos de pájaros y árboles frutales. No sonará ningún teléfono móvil que le arrebate la paz porque aquí están prohibidos. Encontrará también un lugar donde conectarse a internet que es lo más alejado al business center ordinario que haya visto en su vida. Se trata de la sala Mudéjar, que emula el Mihrab de la Mezquita de Córdoba.