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Quiero ser como Arzak

San Sebastián y pinchos es un binomio perfecto, ya se sabe. Pero esta propuesta va más allá: El restaurante del Kursaal de San Sebastián, ni neu, ofrece talleres gastronómicos en los que crear -y zamparse- su propia cocina en miniatura y completar la experiencia con una comida o cena con el sello de IXO, el grupo empresarial de Andoni Luis Aduriz.

Si ha visto el titular y se ha sentido identificado siga leyendo porque le gustará esta propuesta. Si no se siente tan osado como para emular al afamado cocinero vasco pero disfruta comiendo, ídem. Si tampoco es su caso pero entiende el viaje como una experiencia también puede interesarle. Porque eso es exactamente lo que propone ni neu, el restaurante del Kursaal de San Sebastián.

En ni neu, que significa en euskera yo mismo, no encontrará a Arkaz. Perteneciente al grupo IXO, detrás está Andoni Luis Aduriz y su empeño en crear cultura a través de la gastronomía. Y esto va de gastronomía, quizás el mayor reclamo en la actualidad del País Vasco con tanto nombre propio. Pero con una particularidad: Se trata de gastronomía hecha por uno mismo y disfrutada por uno mismo. Todo en minúsculas, pese a la mayúscula experiencia.

Y es que así son los talleres gastronómicos que se imparten. En la planta superior del restaurante, con unas vistas privilegiadas al río Urmea -con el hotel María Cristina y el Victoria Eugenia a la izquierda y el Cantábrico a la derecha-, en un espacio de decoración minimal y cálida, tiene lugar este workshop de pinchos, convertidos ya en el prêt-à-porter de la alta gastronomía.

Mini plato de huevo asado.

Delantal, libreta y boli. Recetario. Ingredientes, siempre locales, frescos, de temporada. De profesor, el jefe de cocina, Mikel Gallo, y un ayudante que podría ser Jesús Colorado. El grupo -debe tener un mínimo de 8 personas y un máximo de 20- se divide en subgrupos, y éstos tienen sus mesas, sus utensilios, sus ingredientes, sus trapos y cuchillos... Se comienza con una clase teórica. Al poco, la práctica. Al final, tras las dudas y los trucos confiados por el chef, a quien le preguntaremos todo lo que siempre quisimos saber sobre cocina y no nos atrevimos a preguntar (porque ver a Arguiñano en la tele no basta) nos lo comemos (con un chacolí en la otra mano).

Comer, ya se sabe, es además de necesidad uno de los placeres mayores de esta vida. Por eso este taller es una experiencia inolvidable. El final feliz está asegurado. No sólo se comerá los pinchos que monte (normalmente son cuatro, dos de temporada así como la anchoa marinada con pimiento confitado y el -sublime- huevo asado a baja temperatura con patata rota y jugo meloso, bien de bacalao, bien de pimientos), sino que concluye con una comida o cena en el propio restaurante. Como se pueden imaginar, al estar hecha por nuestro maestro, es excelente.