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The Exchange Hotel: dormir en un miriñaque

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Cuando las autoridades de Amsterdam pensaron quién podría poner la primera piedra de su proyecto Red Carpet (La Alfombra Roja) para renovar la imagen del Damrak -su Gran Vía-, no tardaron en contactar con Suzanne Oxenaar y Otto Nan quienes, a través de su Lloyd Hotel, habían ayudado a transformar y dar nueva vida a un antiguo barrio portuario de la ciudad.

Su respuesta fue casi inmediata. Porqué no crear un nuevo hotel donde cada habitación fuese como una modelo vestida para desfilar en esa nueva pasarela. Sobre todo cuando la Escuela de la Moda o AMFI, (Amsterdam Fashion Institute), se encuentra a tiro de piedra de la calle y sus estudiantes podrían ocuparse de diseñarlas.

El resultado ha sido The Exchange Hotel, que abrió sus puertas la pasada primavera. El nombre le viene del carismático edificio que tiene frente a él, la antigua sede de la Bolsa diseñada en 1897 por H.P.Berlage, considerado por muchos especialistas como el primero edificio moderno de Amsterdam.

Variedad de estrellas

Encontrar la entrada del hotel no es fácil. Es tan pequeña y estrecha que no habría que extrañarse si pronto estuviese incluida en el libro Guinness de los Records. Como ocurre en el Lloyd nada es convencional en The Exchange, ni pretende serlo. Incluye 61 habitaciones de una a cinco estrellas, -una clasificación propia que da cuenta de su tamaño y comodidades-, repartidas en tres edificios de épocas distintas (del S.XVII al XX). Cada una es una pequeña caja de sorpresas donde prima la experiencia y no siempre la comodidad tiene prioridad sobre el diseño.

Aunque se ha respetado la idea original de dar la oportunidad a estudiantes para que diseñaran las habitaciones, el dúo de diseñadores Ina-Matt han sido los responsables de dar forma y armonía al conjunto. Además de vestir algunas habitaciones ellos mismos, como la sugerente Man Ray's Eyes, se han ocupado de los espacios comunes que surgen donde menos se les espera en estas minúsculas casas de Amsterdam. Eso sí, han respetado escrupulosamente su idiosincrasia.

Al final han sido ocho los estudiantes elegidos para diseñar el resto de las habitaciones. La más romántica y creativa ha sido posiblemente Sophie Sleumer, que se ha basado en cuentos de los hermanos Grimm, llenando sus habitaciones con huellas, recuerdos e imágenes de experiencias que nunca han ocurrido fuera de su imaginación. Todo ello introduciendo elementos relacionados con la moda como un insólito miriñaque. Después de dormir en I Still Remember o en The Crinoline Cage no se vuelve a ver Amsterdam de la misma forma.

Cajas de sorpresas

Por su parte, Denise de Geijter piensa que la moda es parte de nuestra identidad y marca peligrosamente tanto nuestra personalidad como nuestras relaciones con los demás. Por ello su habitación Hide and Seek (el juego del escondite) pretende borrar todo tipo de expresión personal aunque si se mira con detalle aparecen las sorpresas. Por otro lado, Living in a Carboard Box juega con una idea de los diseñadores BLESS de vivir en un espacio neutro entre cajas de cartón que en este caso están estampadas en la tela que recubre todo el espacio.

Las habitaciones de Malu Gehner desprenden sensualidad a borbotones sobre todo en Braille donde se ha inspirado en el lenguaje de los ciegos para crear un universo lleno de sutileza y tactilidad. A Paul Hanraets lo que más le interesan son los materiales que se utilizan en la moda como se puede comprobar en su habitación 'plisada' The Pleats.

Frida Kahlo y María Antonieta

Las habitaciones más imaginativas son quizás las de Iris Kloppenburg que ha creado maravillosas y exquisitas 'cajas de música' donde conciliar el sueño como su Unaware Reality. Juanita Koertz nos lleva en cambio a un universo tropical lleno de color, donde Frida Kahlo parece ser su principal fuente de inspiración sobre todo en Mestiza.

La historia ha servido como de punto de partida a Roos Soetekouw para crear ocho habitaciones muy originales donde se tiene la oportunidad de dormir bajo una gola de la época de Rembrandt, rodeado por el universo de María Antonieta o en un ambiente de los años ochenta del pasado siglo. Por último, Anne Wolters ha querido rendir un homenaje a la ciudad de Amsterdam a través de divertidos camuflajes y todo tipo de guiños textiles o virtuales.

El hotel comparte espacio con el Café Stock, donde se puede desayunar mientras se observa una bandada de pájaros negros dibujada por todas las personas que han colaborado en el proyecto, y con la tienda Options, especializada en diseño contemporáneo holandés. Esperemos que esta primera y sugerente piedra inspire otros proyectos que hagan realidad la nueva Alfombra Roja de la capital de Holanda.

| Hotel The Exchange. Damrak 50, Amsterdam. Tfno: 0031 205230080 www.exchangeamsterdam.com. Entre 70 y 150 euros.

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