Andalucía por descubrir

Vista panorámica de la ciudad de Almería, vigilada eternamente por la Alcazaba.
Vista panorámica de la ciudad de Almería, vigilada eternamente por la Alcazaba.

Andalucía por descubrir

Almería, puerto del Mediterráneo

Entre la costa de Poniente y el Cabo de Gata, en una esquina de España, próxima a África y de cara al mar Mediterráneo. Allí vive esta ciudad, a los pies de una Alcazaba que hace siglos vigiló uno de los puertos comerciales más pujantes del viejo mar europeo.

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Almería es una ciudad literaria, descrita a mediados del pasado siglo por Juan Goytisolo y años después por el poeta José Ángel Valente. Hay en ella una pátina de poesía y narrativa, pero no es tan dura como la recuerdan algunos cronistas que anduvieron por ella hace años, testimonio de un retraso, una necesidad y un sol que lo quema todo. A la Alcazaba, que vigila Almería desde una montaña, hay que subir a la caída de la tarde, sin prisas, a pie, atravesando la plaza Vieja y las calles coloniales de la ciudad del XIX. Es la mejor forma de hacerse una idea de la ciudad.

Basta con atravesar su colosal arco de herradura para retroceder en el tiempo y situarse en aquella urbe de aliento árabe, blanca y luminosa, que durante siglos fue el principal puerto de al-Andalus en el Mediterráneo. En esa hora incierta en que el sol se desdibuja entre las montañas peladas de la sierra de Alhama y las costas de Poniente el viajero hará bien en acercarse hasta la torre de la Vela y contemplar Almería las horas previas a la noche. A sus pies queda la ciudad antigua, enmarañada entre callejas estrechas y plazoletas mínimas que descienden hasta ramblas ocupadas hoy por grandes avenidas y paseos que van a dar al puerto. Más allá aguarda el Zapillo, la famosa playa almeriense, una alargada lengua de arena blanca besada por las aguas de un pacífico Mediterráneo.

La ciudad de hoy

El Cargadero de Mineral.

La Almería de hoy dista mucho de aquel poblacho sucio, retrasado y pintoresco que hace medio siglo retrató Goytisolo en su maravilloso y desgarrador libro Campos de Níjar. En la actualidad, Almería es una de las ciudades más atrevidas del sur español. Es una ciudad cultural –raro es el día que no hay exposiciones en el patio neoclásico de la Escuela de Arte-, muy fotográfica gracias a la fijación que por ella tuvieron retratistas de todas las épocas, divertida y agradable en estos días previos al verano que invitan al baño en la mar, las excursiones al cercano Cabo de Gata y a degustar su variada gastronomía a la caída de la noche en muchos de los veladores del centro histórico.

Un cronista de la época aseguró que la mejor manera de conocer Almería era visitando su alcazaba y su medina. En el mercado, el caminante recorre los puestos de frutas exóticas, procedentes de los invernaderos de El Ejido y de la cercana Costa Tropical, pero dedica su mayor atención a los puestos de pescado donde raro es el día que no llegan las preciadas gambas rojas de Garrucha cuyo kilo pocas veces baja de los noventa euros.

La avenida Federico García Lorca acaba en la Rambla de Belén, una de las arterias viales y de paseo más conocidas de la ciudad. La Rambla de Belén desciende hasta el puerto donde se alza el Cargadero de Mineral, uno de los edificios más importantes de la arquitectura industrial del pasado siglo en España. A sus pies, hay escuelas de piragüismo y vela, y cerca de aquí se extiende la blanca y limpia playa del Zapillo, adornada con barecitos y restaurantes donde sirven el mejor pescado de la zona.

Los hitos monumentales

El Ayuntamiento de Almería.

Desde el mirador de San Cristóbal, próximo a esa cola de saurio que son las murallas que cierran el fortín andalusí, se admira una capital que ha sabido reponerse a avatares y tiempos crueles. El casco antiguo de la ciudad está colmado de sugerencias. Hay plazas por todos sitios donde destacan iglesias barrocas con aires de fortalezas medievales. Así sucede, por ejemplo, con la Catedral y con el cercano Hospital Real. Los almerienses quisieron revelarse ante tanto añil de la mar y ocre de la tierra levantando un barrio humilde y colorista.

En la Chanca, tan anárquica y rebelde, hay casas amarillas y naranjas, verdosas y azulonas. Los barcos atracan en el puerto, rayan la lámina acuosa que rompe en los diques y descargan sus pesadas mercancías a un paso de aquel cargadero de mineral que significó toda una proeza para la ingeniería del siglo XIX. Hoy, esa estructura de hierro se ha convertido en un símbolo patrimonial para la ciudad.

3 » Comentarios ¿Quieres comentar? Entra o regístrate

  1. ElCriterio 21.jun.2012 | 12:17

    #1

    La gran desconocida de Andalucia y la que mas sorpresas genera...Preciosa

  2. Todo Cuadros Cuadros 21.jun.2012 | 15:42

    #2

    almería es una de las ciudades más atractivas que he visitado, muchas veces infravalorada. En ella se pueden encontrar rincones sorprendentes y de mucha historia.

  3. artpostman 16.ene.2013 | 01:42

    #3

    concuerdo con @cuadros ¿Quien diría hoy que Almería existe desde la prehistoria? Quizas no ha tenido suerte en el desarrollo por cuestiones topográficas pèro dentro de sus posibilidades brilla como perla... Saludos.

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