Macedonia

Ohrid, el secreto mejor guardado de los Balcanes

En los confines más meridionales de Macedonia se encuentra, a 700m de altitud, el lago de Ohrid, el llamado 'Jerusalén de los Balcanes' y la máxima expresión de esa Europa inédita que todavía está fuera de los programas y folletos turísticos.

Si desee sentirse como uno de aquellos antiguos exploradores que de pronto descubrían un lugar insólito y maravilloso no tiene ni que salir de Europa: ponga rumbo a Ohrid. Dicen que hay 365 iglesias y capillas en sus orillas. Posiblemente nadie las ha contado, pero sin duda los edificios religiosos son muchos en torno a este profundo y antiquísimo lago de 358km2, que fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1979 y sólo es comparable, según los expertos, al de Titicaca y al de Baikal.

Lo primero que llama la atención es la transparencia de sus aguas y el ambiente de 'paraíso terrenal' que se respira después de haber atravesado el paisaje de ásperas y abruptas montañas que lo separa de Skopje, la capital del país. Se mire donde se mire, todo es intensamente verde contrastando con el color rojo de la piedra y las tejas que cubren la mayoría de las construcciones.

La principal población lleva el nombre del lago y es allí donde se concentran los edificios religiosos más espectaculares, además de un castillo cuyos orígenes se remontan a la época bizantina pero que sería ampliado por el mítico Zar Samuel durante el S.X, quien dirigiría su inmenso imperio independiente de Constantinopla desde el mismo Ohrid.

Gran patrimonio

Durante los siguientes tres siglos este rincón de los Balcanes se convertiría en un gran centro político y religioso como lo demuestra la espectacular riqueza de sus iglesias y monasterios a pesar de que con posterioridad la zona estaría ocupada por los turcos y otros invasores que destruirían una parte importante de ese patrimonio. Todavía hay al menos media docena de iglesias que conservan muchas de sus pinturas originales, como la Catedral de Santa Sofía o las iglesias de San Clemente y Pantaleón.

Si sólo hubiera que escoger una sola, esa sería la de Sant Jovan Bogoslov Kaneo cuya romántica imagen frente al lago y rodeada de cipreses, está en la portada de muchas de las guías del país y que de alguna forma se ha transformado en uno de sus grandes iconos.

Quizás Ohrid sea en estos momentos el lugar de Macedonia más desarrollado turísticamente, pero todavía conserva un halo mágico que lo hace único. Aunque hay ya numerosos hoteles y apartamentos, se tiene la sensación de estar muy lejos del mundanal ruido. Sobre todo cuando se sale del centro histórico y se exploran las orillas del lago.

No hay que perderse el complejo religioso de San Naum rodeado de fuentes y ríos que alimentan las aguas del lago. Bañarse en sus aguas es casi una experiencia religiosa. No sólo por el extraño color de sus aguas, sino por la sensación que se tiene de estar en un lugar verdaderamente extraordinario.

Paisajes vírgenes

No faltan las sorpresas y de pronto surge un poblado lacustre que parece salido directamente de la prehistoria, o un teatro romano, donde tienen lugar la mayoría de los festivales que se celebran durante el verano. También hay que ver el antiguo palacio que se hizo construir el mariscal Tito y que ahora se ha convertido en la residencia de verano del presidente de la República.

Aun resulta más sobrecogedor adentrarse en las montañas que rodean al lago y lo comunican con el todavía más misterioso lago de Prespa, prácticamente virgen y rodeado de dos grandes parques nacionales además de por territorio griego y albanés. El de Galichica, que separa los dos lagos, y el de Pelister, hacia oriente, camino de Bitola. Se puede recorrer la zona en autobús, pero lo más recomendable es alquilar un coche. El país es muy seguro y las carreteras aunque modestas no ofrecen grandes problemas.

De una u otra forma, es recomendable también visitar Struga, la otra gran población del lago de Ohrid, muy influenciada por la cercana Albania. Cuenta con un interesante museo arqueológico y otras muchas iglesias. Desde allí se puede cruzar la frontera o seguir curso arriba al río Drim para explorar profundos valles entre algunas de las montañas más altas de los Balcanes y los muchos monasterios que se esconden en su interior.