Biohotel

Cal Ruget, un hogar en el Penedés

Hay hoteles que llegan al corazón y este biohotel plantado en el Penedés es uno de ellos. El secreto son sus dueños, que han conseguido que esta masía ecológica emita un 0% de artificio y un 100% de encanto.

Sucumbir a los encantos naturales, los del al pan-pan y al vino-vino de este hotel rural es muy fácil. En esta confortable masía, rodeada de olivos y viñas, huertas y árboles frutales, la mayor extravagancia son unas asombrosas alcachofas que adornan la entrada. No habrá visto ejemplares de mayor tamaño, pero qué le van a hacer los dueños de esta finca si las verduras crecen aquí de manera tan vistosa.

Bienvenido al Penedés, tierra fértil y hermosa donde las haya. Barcelona no está lejos, pero la sensación es que nos separan años luz de cualquier conglomerado artificial y urbano. Presente sí está, esto sí, la luz mediterránea, el clima templado y el aire puro con aromas campestres.

Cal Ruget conjuga con buen gusto y naturalidad todo lo bueno de esta tierra de vino y cava. La masía, que se encuentra en el corazón del Alto Penedés (a 9 km de Vilafranca del Penedés), está rodeada de un inmenso mar de viñedos, protegido al norte por la cuerda agreste y picuda de las montañas de Montserrat. Al suroeste, el magnífico castillo de Sant Martí Sarroca se levanta para romper la horizontalidad del paisaje.

Vida 'bio'

El hotel cuenta con sólo siete habitaciones, pero tiene un jardín de 10.000 m2, donde encontrará un pequeño viñedo, el huerto ecológico y una infinidad de pequeños rincones que descubrir, como la piscina del Cal Ruget, ideal para descansar y tomar el sol en medio del campo. Todas las habitaciones son distintas y todas cuentan con detalles acogedores, como mantas y cojines extendidos sobre el sofá, libros y revistas apetecibles de verdad, flores y objetos singulares de decoración y un set de gorro de paja y toalla para animarse a zambullirse en al piscina.

Con su propio viñedo y el huerto ecológico, el Cal Ruget es casi autosuficiente

Por la noche refresca, así que cuando Verónica Grimal, la «mestressa de Cal Ruget», y Florian Porsche, «el hombre detrás del telón», le saquen una copa de vino y unos extraordinarios pistachos, sentirá que la brisa le levanta hasta el mismísimo cielo. Tanto Verónica como Florian llegaron a la industria hotelera hace más de 25 años, trabajando para conocidas cadenas internacionales. «Siempre decíamos que cuando cumpliéramos 40 años montaríamos nuestro propio hotel», nos cuenta Florian, un alemán originario de Friburgo, otra tierra de viñedos. En Cal Ruget encontraron lo que añoraban, una finca donde venerar lo que tenemos cerca.

Y son prácticamente autosuficientes. En su pequeño viñedo cultivan merlot, tempranillo y syrah; en el huerto, calabazas, sandías, melones, lechugas, hierbas aromáticas... Tienen hasta 14 árboles frutales distintos (cerezos, ciruelos, higueras, melocotoneros, perales...). Y todo es rigurosamente ecológico, algo que en las compotas y mermeladas artesanales que sirven en el desayuno se nota. Vaya que si se nota.

Apoyadas contra un muro, media docena de bicicletas eléctricas armadas con alforjas de paja le esperan para trepar por los caminos de los alrededores y descubrir toda esta naturaleza. Si la playa le tienta, las de Vilanova y Sitges están a escasos kilómetros. También puede decantarse por el enoturismo, porque Bodegas Torres ha sido premiada este año por ser una de las bodegas con las actividades y visitas más atractivas del mundo, y está aquí al lado, en este lujo de Penedés.