Gran escapada

Gorongosa, génesis de la vida salvaje

El Parque Nacional de Gorongosa, en Mozambique, fue años atrás un edén: el espacio natural con mayor densidad de vida salvaje de toda África, aunque una guerra y su posterior olvido lo condenaron a tener que reinventarse.

Tras el conflicto que arrasó con su vida animal, con la llegada de la calma y los buenos tiempos, el Parque Nacional de Gorongosa está ahora inmerso en un renacer que lo hace único, fascinante. Aún es puro, por eso hay que ir allí a contemplarlo cuando todavía es casi un experimento natural.

La diferencia entre un parque copado por turistas y uno casi virgen se observa en el comportamiento de los animales. En realidad hay una ecuación casi perversa para los que quieren ver felinos, elefantes o rinocerontes, los verán con mayor facilidad en los espacios naturales donde hay más visitantes, los que podrían considerarse más contaminados por los humanos.

Sin embargo, parques como Gorongosa tienen la magia de tropezar aún con escenas impagables como la de una manada de elefantes que aún recuerdan los tiempos en los que se les cazaba indiscriminadamente y cargan contra los coches. Momentos después, hacen un círculo perfecto, con sus trompas en alto y sus orejas abiertas en forma de advertencia, para proteger a sus crías. No hay peligro, no hay riesgo para el viajero, pero sí una escena casi imposible que se observa en primera fila natural. Los animales no se han acostumbrado al hombre y tienen todavía un comportamiento salvaje, huidizo.

Ciclos vitales

Además de elefantes en estado primitivo, se puede comprobar que otras especies tienen un actuar parecido. Gorongosa se está repoblando de forma sistemática. Poco a poco, sus 4.067 kilómetros cuadrados se llenan de nuevo de vida. Leones, leopardos, cocodrilos, hipopótamos, búfalos y todo tipo de antílopes, por ejemplo, vuelven a un ecosistema muy variado. El paisaje de este parque es también especial por su variedad. La gran llanura, los bosques secos en zonas arenosas, los humedales o la sabana son parte de un muy bello entorno.

Siempre huidizos,
aquí los animales
aún no se han acostumbrado al hombre

Salir a hacer un safari en coche en Gorongosa tiene el mismo encanto que en el resto de parques, el de poder o no ver especies, pero aquí hay una cierta nostalgia de un pasado brillante que regresa e impregna cada rincón. Como en la conocida como Casa de los Leones, un antiguo bungalow ahora abandonado en el que hay grabaciones antiguas que muestran a los felinos subiendo sus escaleras y poblando sus habitaciones. Hoy es un bloque de cemento abandonado que parece esperar a sus felinos dueños.

En este momento de génesis está ahora el parque. Sus directores prometen que mantendrán esa esencia de lugar retirado donde se hará un uso sostenible. No se permitirá la creación de numerosos lodges y campamentos, aunque se están reformando los actuales y se están mejorando las instalaciones. Gorongosa sólo cierra sus puertas de forma parcial por motivos naturales. En la temporada de lluvia, entre noviembre y marzo, los caminos quedan anegados e impracticables. Luego, tras la estación húmeda, se puede observar de nuevo los efectos de la naturaleza, del agua y del renacer de la vida salvaje en todo su esplendor.