Hoteles con firma

Foto

Hotel con firma

¿Desea dormir con David Delfín?

El diseñador de moda pone el toque juguetón y provocador a la Finca de los Arandinos, un moderno hotel-bodega (o bodega-hotel) al sur de Logroño donde los conceptos estéticos permiten disfrutar de una forma diferente del mundo del vino.

  • Imprimir esta noticia
  • Enviar a un amigo
  • A-A+
  • Comentarios (1)

En la Finca de los Arandinos hay que escoger entre dormir encima de las barricas, con el sutil minimalismo y la pureza de líneas de Javier Arizcuren (con Mies van der Rohe como artista invitado), o a cierta distancia de la bodega. Aquí, tras un divertido papel pintado estampado con flores, la compañía es del virtuosismo juguetón y provocador de David Delfín, que no se olvida de rendir homenaje a Le Corbusier. Dos conceptos estéticos diferentes que, sin embargo, permiten disfrutar de forma inusitada del mundo del vino.

Entre los muchos wine hotels que han aparecido en estos últimos 10 años rara vez se ve un proyecto de nueva planta donde se haya desarrollado un proyecto personal que integre en un solo edificio todas las posibilidades que permite la experiencia enológica. Desde su proceso de elaboración al lugar donde reposa en barricas pasando por el espacio donde se cata y por el restaurante, donde podemos maridarlo con distintos platos. En el spa incluso es posible aplicarlo con finalidades terapéuticas y de relajamiento para terminar soñándolo en un dormitorio.

Creatividad e imaginación

Todo ello rodeado de un paisaje donde la viña es omnipotente. Ése ha sido el reto de Roberto Guillen y su familia que, después de estar relacionados con el mundo del vino durante décadas, se han lanzado no sólo a producir un vino excelente (ayudados por la enóloga Eva Valgañón), que ya desde sus comienzos en 2007 ha conseguido numerosos premios, sino a dar un paso más allá, con la creación de este hotel-bodega o bodega-hotel. Ubicado en el municipio de Entrena, a pocos kilómetros al sur de Logroño, está abierto a la creatividad y a la imaginación.

Hay que ir abriendo armarios para descubrir la ducha, el inodoro, el lavabo...

Lo primero fue escoger a Javier Arizcuren como arquitecto, que ya había diseñado la Bodega Regalía de Ollauri y darle prácticamente carta blanca. La elección no ha podido ser más acertada. Ha creado un edificio rabiosamente contemporáneo de color blanco que dialoga con el grandioso paisaje que lo rodea. A ambos lados de un enorme ventanal que funciona como mirador privilegiado surgen insólitos apéndices que, tras una extraña y aparente irregularidad, esconden espacios a distintos niveles que se funden de forma casi imperceptible integrando recepción, bar, habitaciones, salones y restaurante con la bodega.

Para la decoración decidieron ser más atrevidos invitando no sólo al mismo arquitecto para que diseñara cuatro habitaciones, sino también a David Delfín, más conocido por su relación con el mundo de la moda, a quien le encargaron el resto de habitaciones, el restaurante y la mayoría de los espacios públicos. Si en las habitaciones de Arizcuren predomina un blanco impoluto y la máxima simplicidad, en las de Delfín la sorpresa es continua desde antes de entrar. Allí, en forma de alfombrilla aparece una muestra de suelo hidráulico que, salvo en la suite, nos anuncia un cuarto de baño al otro lado de la puerta. Al traspasarla nos recibe un espacio aparentemente vacío que da paso al dormitorio.

Divertida señalización

Hay que ir abriendo armarios para descubrir la ducha, el inodoro, el lavabo, una mesa de trabajo y una silla. Los guiños son continuos y los muebles que ha elegido son, en su mayoría, reciclados, de estilos eclécticos predominado los años 50, aunque también hay alguna pieza actual del holandés Piet Hein Eek o de Carl Hansen. El detalle esta cuidado al máximo y no ha dejado nada a la improvisación. Desde el techo de cemento trabajado como si fuera piel de elefante, a la divertida señalización, pasando por las lámparas- algunas de Jieldé-, los cuadros y fotografías de Gorka Postigo y que seguramente tiene en su propia habitación.

Al final, consigue un espacio heterodoxo y divertido pero cómodo y agradable. Una sensación que se prolonga tanto en los salones como en el restaurante, donde vuelve a reunir muebles de diferentes épocas con una gama de colores y materiales que se funden con el entorno. Y si alguien echa en falta alguna provocación, sólo tiene que mirar al techo, donde ha dejado, de forma aleatoria, inacabada la decoración. Pero si la arquitectura, la decoración y no digamos el vino eran factores importantes en este proyecto con el sello de calidad Ruralka, tampoco se ha dejado al azar el personal, pendiente de que se disfrute al máximo. Y si alguien quiere llevarse un trocito de la finca a casa, puede comprar un par de botellas de vino y del aceite que se elabora con las aceitunas locales.

| Finca de los Arandinos. Ctra. LR-137, km 4,6. Entrena (La Rioja). Tfno: 94 144 6126. www.fincadelosarandinos.com. Reservas en Ruralka: 902 012 637. A partir de 140 euros.

1 » Comentario ¿Quieres comentar? Entra o regístrate

  1. annaji1012 09.may.2012 | 13:14

    #1

    Gracias por este maravilloso descubrimiento, ya estoy deseando escaparme a Logroño (cualquier excusa en buena para volver, por cierto), y disfrutar de la ecléctica decoración by David Delfín, diseñador que admiro por su originalidad y el maravilloso uso que tiene del color y los cortes en los vestidos. http://viajocomprando.wordpress.com

Queremos saber tu opinión
Usuario registrado
Recordadme en este ordenador
Recuperar contraseña »
¿Eres un usuario nuevo? Regístrate