Andalucía por descubrir

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Andalucía por descubrir

Un paseo por Santa Cruz

Con casonas que esconden íntimos patios decorados con pozos, azulejería y macetones de geranios, este barrio historicista sevillano ha acabado siendo tan real y auténtico como los monumentos de la capital hispalense.

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Es uno de los barrios más bellos de Andalucía, prototipo de las obsesiones arquitectónicas del sur, escenario de pasiones románticas, dédalo de calles serpenteantes y umbrías, plazoletas soleadas y naranjos en flor que estos días exhalan un embriagante olor a azahar. Es el aroma de Sevilla.

Durante los años de la dominación almohade Santa Cruz era conocido como el Alcázar de la Bendición, un espacio llano no muy lejos del Guadalquivir, entre las puertas de Jerez y la Carne. Una piadosa tradición dicta que cuando Sevilla cayó en manos de Fernando III un 23 de noviembre de 1248 los almohades entregaron al monarca castellano la llave de la ciudad y los judíos la de la judería. Hoy, aquellas llaves maestras se conservan en el Tesoro de la Catedral junto a otras piezas que han contribuido a enaltecer el mito de Sevilla como lugar planetario.

Toledo y Sevilla poseían las juderías más pobladas. La relación entre cristianos y judíos no fueron fáciles. En 1391 se produjo un asalto en la judería. Pese al alto número de conversiones muchas casas fueron entregadas a los cristianos y las sinagogas convertidas en iglesias, consagradas en aquel tiempo a San Bartolomé, Santa María la Blanca o la Santa Cruz. En esta iglesia que dio nombre a un barrio fue enterrado el pintor Bartolomé Esteban Murillo. Hoy no queda nada de ella. Fue derribada en el primer tercio del siglo XIX, coincidiendo con la ocupación francesa, y no consagración dio nombre a otro templo situado en la actualidad en la calle Mateos Gago.

Cruz de Cerrajería

Una plaza luminosa y perfumada, con una cruz de forja procedente de la calle Cerrajería en el centro, lleva el nombre de aquella iglesia y de este barrio. La plaza es un cruce de caminos al lado de los Jardines de Murillo y el romántico Callejón del Agua, de cuyos lejanos ecos escribió el diplomático Washington Irving durante su estancia en la Sevilla de la primera mitad del XIX.

Callejas estrechas y frescas en verano, umbrías que escapan del sol abrasador de la Sevilla de la mitad de año, patios que esconden secretos inconfesables, ventanas aprisionadas con rejas de forja artística y puertas que constituyen un enigma, abiertas a un zaguán poblado de interrogantes. El Callejón del Agua gira hacia la calle Judería, de paredes cárdenas y azulejos de letras grandes, con muros de piedra a un lado que encierran las estancias palaciegas de los Reales Alcázares. Un pasadizo bajo arcos y bóvedas de ladrillo conduce hasta la plaza Patio de Banderas donde la Giralda queda encuadrada entre medianeras y verdes copas de árboles.

Santa Cruz fue un lugar apartado en beneficio de otros barrios hasta que a principios del siglo XIX una nueva burguesía fija sus ojos en él. A principios del siglo XX cuando se proyecta la Exposición Iberoamericana de 1929 el barrio corrió un serio peligro de desaparición. Se proyectaron ensanches y avenidas que pretendían unir la plaza de la Virgen de los Reyes con la Ronda que daba al parque de María Luisa. Aquella medida hubiera hecho desaparecer plazas como la de Alfaros o Doña Elvira o calles como Mesón del Moro y Santa Teresa.

La red de Paradores

La remodelación del barrio corrió a cargo del marqués Benigno de la Vega Inclán, primer comisario de turismo nombrado por el rey Alfonso XIII. Vega Inclán, creador de la red nacional de Paradores de Turismo, proyectó un barrio historicista que con los años acabó siendo tan real como los grandes símbolos monumentales de esta ciudad narcisista y pagada de si misma.

Hoy Santa Cruz es un barrio de calles estrechas, encaladas y remozadas en puertas y ventanas que hasta el primer tercio del pasado siglo no estaban. Pavimentos de cantos rodados, losetas, ladrillos en sardinel y azulejería de la Cartuja decoran un conjunto de calles y plazas de cuento, levantadas para ser escenario de una trama de amoríos desaforados protagonizados por un moderno don Juan Tenorio y sufridoras amantes como doña Inés de Ulloa.

1 » Comentario ¿Quieres comentar? Entra o regístrate

  1. annaji1012 20.abr.2012 | 10:48

    #1

    Gracias por tan poético artículo, con referencias a los maravillosos escritos de Washington Irving donde se menciona el Callejón del agua, y a la histórica remodelación del barrio, por el creador de la maravillosa red de Paradores (aspectos ambos que desconocía). Gracias por ampliarnos la cultura, además de las ganas de coger el AVE y salir corriendo a disfrutar de Sevilla. https://viajocomprando.wordpress.com/

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