La Postal
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De esto hace ya mucho tiempo. En el bar del pueblo, Sa Fonda, colgaba un cuadro de Mati Klarwein, artista alemán, conocido -muy a su pesar- como padre de la pintura psicodélica. Ese cuadro era un bosque de olivos sobre el que se imprimía una palabra:
NOWSTALGIA
Nostalgia es un término que define muy bien a este rincón semiolvidado del Mediterráneo. Porque ya queda poco de ese «refugio de piratas arruinados» que conoció Gertrude Stein y que, cautelosa, recomendó a un Robert Graves que aún no había concebido ni a Claudio ni a la Diosa Blanca. «El paraíso, si puedes soportarlo».
Ese paraíso se llama Deià y se enclava en la Sierra de Tramuntana, nombrada no hace mucho Patrimonio Mundial de la Humanidad. Y aunque son muchos los daños irreparables que se han cometido en su paisaje, y aunque el tiempo pasa y ya nada es lo que era, y aunque ya no se oye a Julio Cortázar tocar su trompeta, todavían quedan en este pueblo atípico resquicios para la belleza, para la esperanza.
Así, con el mar y la montaña como único telón de fondo, La Residencia, uno de los hoteles más discretamente exquisitos del mundo, inaugura su jardín escultórico con piezas de reconocidos artistas. La selección -que incluye a Jorge Oteiza, Betty Gold y Jedd Novatt- corre a cargo del escultor residente del hotel, el chileno Juan Waelder, vinculado a la vida cultural de la isla desde hace muchos años.
No mentirán quienes digan que hay pocos recorridos más deliciosos, más placenteros, que deambular entre olivos milenarios y esculturas contemporáneas. Entre la brisa que trae el último azul del Mediterráneo. Y entre el encanto silencioso de este hotel que en su día creó Richard Branson.
| El Jardín Escultórico, al igual que el acceso a la galería Sa Tafona, de La Residencia es de acceso libre a huéspedes y no huéspedes del hotel. Todas sus piezas están a la venta, por lo que la exposición se renueva, ya que las piezas se reemplazan por otras del mismo artista.