Hoteles con firma

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Hotel con firma

El hotel más moderno de Santiago

El Hotel Moure, valedor de numerosos premios, supone una propuesta arriesgada y radical, pero respetuosa con el edificio histórico.

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Lo fácil para la tercera vida del Hotel Moure –después de ser pensión y albergue desde 1943- hubiese sido transformarse en un alojamiento rústico chic de última generación. Pero los propietarios de los ya muy populares y cercanos Casa Vella y Altair querían algo distinto, sobre todo tratándose del primer negocio que iba a regentar su hijo. Tenían sus propias ideas pero prefirieron dar carta blanca a Elizabeth Abalo y Gonzalo Alonso, un prometedor estudio de arquitectos con sede en el mismo Santiago de Compostela que ya ha convertido este proyecto en su mejor carta de presentación. Con él han sido finalistas en los Premios ENOR, además de estar seleccionados a los FAD 2011 y estar incluidos en la prestigiosa Bienal de Arquitectura Española en su novena edición.

Nada lo distingue de los demás edificios o indica que estamos ante un hotel. Sólo una puerta de cristal con la palabra 'Moure'

Su intervención ha sido arriesgada, brillante, radical en ciertos momentos y al mismo tiempo absolutamente respetuosa con la historia del edificio. Desde fuera sigue siendo una de las atractivas casas de piedra con galería del viejo Santiago, a dos pasos de San Martín Pinario y los Carmelitas, y no muy lejos la misma Catedral.

Nada lo distingue de los demás edificios o indica que estamos ante un hotel. Sólo llama la atención una puerta de cristal transparente con la palabra Moure inscrita en color verde. Al traspasarla, sin embargo, comienzan las sorpresas. Como aperitivo, el acceso se hace a través de una rampa de hormigón que nos lleva directamente a un insólito espacio común recubierto de madera. La palabra salón desentonaría en un hotel que no cuenta con una recepción, ni muchos de los elementos que esperamos de un hotel convencional. Es un lugar multiusos donde tomarse un desayuno o un tentempié a cualquier hora del día, preparado por uno mismo, pero también consultar nuestro correo electrónico, escuchar música o leer un periódico. Da acceso a un minúsculo pero no por ello menos curioso patio que nos da las claves del resto de la intervención.

Casi como en casa

La decoración en esa planta baja donde también hay una habitación familiar es minimalista pero muy confortable y hace que nos sintamos cómodos de forma casi inmediata. Tampoco como en casa, ya que esa no parece ser la idea. Cada mueble ha sido o diseñado por los mismos arquitectos o elegidos meticulosamente por ellos con la intención clara de marcar con su firma un territorio. Una señal de identidad que pronto descubrimos en el pasamanos de una deslumbrante escalera de acero que comunica con los cuatro pisos superiores. En cada uno de ellos- salvo en el último- se han habilitado cuatro habitaciones, desarrollando en cada una de ellas unas características singulares. Tienen en común una rotunda utilización de la luz natural que se convierte en un material más resaltando el color blanco y la limpieza de líneas que impregna casi todo el conjunto. También la utilización de espejos y la forma de trabajar el pavimento cerámico del suelo que diluye los límites ampliando visualmente los espacios. Después en cada caso hay alguna sorpresa. Los cabeceros de las camas se pueden convertir en encimeras en los aseos o mesas de apoyo junto a las ventanas. Las puertas correderas por su lado se hacen armarios.

Cada detalle responde a una elección de sus autores: incluso las perchas son únicas. Cuando introducen algo de color es de una forma sutil y siempre en verde. Las habitaciones más originales son las de la planta tercera, donde se ha transformado el espacio correspondiente a las galerías en un lugar ingenioso y lúdico con una bañera como punto de referencia. Aunque quizás las favoritas de muchos pueden ser las abuhardilladas de la cuarta, que también esconden una paloma en su chistera.

Lo más radical pueden resultar los cuartos de baño donde por un lado para ganar espacio, pero seguramente por otro, por propio gusto y decisión de los arquitectos, se han eliminado en ciertos casos (no en
todos) cualquier puerta o límite entre los diferentes elementos del aseo, dejando un espacio abierto que puede resultar excesivamente naturista o impúdico para ciertos clientes. No es razón suficiente sin embargo para no disfrutar de este hotel que no se parece a ningún otro en la ciudad del Apóstol. Quien no se sienta cómodo con ello siempre puede pedir otra habitación.

| Hotel Moure. C/ Loureiros, 6. Tfno.: 981 58 36 37. www.mourehotel.com. A partir de 75 euros.

1 » Comentario ¿Quieres comentar? Entra o regístrate

  1. comesana 08.feb.2012 | 22:01

    #1

    He disfrutado un fin de semana en él y en el bello casco histórico de Santiago de Compostela siguiendo sus varios reconocimientos arquitectónicos. Tengo que reconocer que ha sido arriesgada y atrevida combinación. Felicidades a los arquitectos y a sus dueños.

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