Andalucía por descubrir

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Vista de Málaga desde el castillo de Gibralfaro

Andalucía por descubrir

Memorias de Málaga

Un mirador al mar, la ciudad y la montaña. Gibralfaro esconde la primera memoria de Málaga, su historia, las leyendas y los ecos de los hombres que le escribieron.

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En Andalucía la primera memoria siempre residió en una montaña, un altozano o a orillas del mar. En Málaga esa primera memoria se fraguó entre la cima de un cerro y la arena del Mediterráneo. En ese tránsito entre la mar y la montaña los fenicios pusieron en pie un emporio comercial antes de que los romanos construyeran al otro lado del cerro un teatro donde representar las tragedias de su espíritu inquieto y los árabes utilizaran aquellas piedras para construir una alcazaba. La fortaleza de Málaga, que convirtió la ciudad en uno de los puertos más prósperos del viejo mar, es hoy símbolo patrimonial de la capital de la Costa del Sol.

La Alcazaba y de fondo Málaga

Gibralfaro es un castillo y una alcazaba, una suerte de colinas escalonadas donde se superponen las culturas que habitaron este rincón frente al Mediterráneo.El cerro es un gran parque arqueológico. En él prevalecen los ecos de tres grandes civilizaciones que dominaron el viejo mar. Fenicios, romanos y andalusíes dejaron aquí sus huellas. Roma y al-Andalus son las dos culturas más recientes y las más representadas. El teatro romano ha sido recuperado tras unas laboriosas tareas de restauración y abre sus puertas a través de un centro de interpretación en la calle Alcazabilla, a un paso de la plaza de la Merced y la Catedral. Pero es la Alcazaba el monumento que más interés despierta.

La Alcazaba frente al mar

Sus primeros cimientos fueron puestos en la segunda década del siglo XI por los gobernantes de la dinastía Hammudí, heredera de la sangre de los califas omeyas de Córdoba. Pero las obras más importantes de la Alcazaba fueron realizadas mediado aquel siglo por el rey Badís, gobernante de la taifa que durante años gobernó Granada, ciudad de la que dependió Málaga durante sus siglos clásicos.

La Alcazaba sirvió como residencia palaciega y como fortín defensivo

La Alcazaba de Málaga fue erigida sobre los pilares de una construcción visigoda que a su vez encontró acomodo en los restos dejados por la cultura romana. Es una de las más imponentes y mejor conservadas fortalezas árabes del sur de la península ibérica. Cumplió durante décadas dos funciones. De un lado fue residencia palaciega y de otro fortín defensivo. Su construcción está a mitad de ambas necesidades. Báscula entre la arquitectura residencial califal, cuyo más representativo ejemplo fue Medina Azahara en Córdoba, y la arquitectura palatina nazarí, representada por la Alhambra de Granada. En Málaga se sintetizan los avances arquitectónicos heredados del califato, los nuevos alientos que imprimen los reinos taifas y los refinamientos artísticos de la cultura nazarí granadina.

Los recintos amurallados

Protegida por tres sólidos recintos amurallados, en la zona baja del cerro de Gibralfaro, el área palatina abría a ocho puertas en recodo que derivaban en el corazón de la residencia. Leopoldo Torres Balbás, que fue conservador de la Alhambra de Granada hasta el estallido de la guerra civil del 36, puso en pie una tesis: la complejidad constructiva era un símil de las inexpugnables fortalezas que los cruzados construyeron en Siria. De un modo u otro, la llegada de los cristianos no hizo decaer la importancia de este fortín. Los reyes católicos Isabel y Fernando aprobaron para su conservación fuertes sumas de dinero e impusieron la recaudación de nuevos impuestos para la conservación del monumento.

Durante el siglo XVIII el barrio castrense quedó desdibujado por la construcción de nuevas dependencias, aunque buena parte del recinto acogió guarniciones militares hasta 1843. Pero a mediados del siglo XIX la suerte del monumento más simbólico de la ciudad cambió. A partir de aquel año el interior se convirtió en un humilde barrio, en un nido de casuchas donde se agrupaba una población marginal. Finalmente, en el año 1933 la Alcazaba fue restaurada siguiendo las técnicas de las nuevas cartas de conservación. Las obras corrieron a cargo del entonces director general de Bellas Artes, el malagueño Ricardo de Orueta, al que auxiliaron el historiador Juan Temboury y el arquitecto Antonio Palacios.

3 » Comentarios ¿Quieres comentar? Entra o regístrate

  1. sinso 26.ene.2012 | 16:30

    #1

    Estuve en Malaga ase 40-anos, quiero ir este ano si dios me lo permite, es una ciudad muy hermosa y su gente no se diga tambien. Gracias Don Ciprano Procuna de San Diego Cal, USA. 26/01/12

  2. USASPAIN 26.ene.2012 | 18:10

    #2

    Yo soy malagueño, nacío y criao en Ciudad Jardín. He visto mucho mundo y como mi Málaga, no hay ná de ná. De lo mejorcito pa estar feliz. La zona de la catedral, la plaza de la Merced, el parque, la Plaza de la Marina, Calle Larios, La Malagueta, El Palo, Ciudad Jardín, Carretera de Cádiz... todo lleno de gente buena y amable con mucha gracia y salero.

  3. chamby 26.ene.2012 | 19:25

    #3

    #2 Quillo, para ser de Málaga sólo nombras los sitios más nuevos y calle Larios. Mira que has nombado zonas, y se te olvida lo mejor y más castizo de Málaga. El Perchel, La Trinidad, Huelin, La Victoria, El Molinillo, Carreterías. No te gusta la gente de los barrios antiguos?

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