Con el teléfono al hombro
Tánger, color de las sensaciones
Bulliciosa, racial, demacrada, esta ciudad marroquí esconde el innegable encanto de la decadencia, de esos lugares tocados por la nostalgia de los tiempos mejores. Pero también por la fortuna de su posición, por estar bañada por la brisa cálida del Mediterráneo, con toda su luz y su magia.
Puerta entre Europa y África, Tánger ha sido siempre un regalo. Y ello explica que esta antiquísima ciudad fundada por los fenicios hace cuatro mil años haya estado codiciada a lo largo de los siglos por cartaginenses, romanos, visigodos, bizantinos, bereberes, árabes... y otros tantos países occidentales seducidos por su puerto libre entre dos curiosos mundos antagónicos. En ningún otro lugar como éste toma tanta relevancia esa insignificante brecha de 14 kilómetros que conforman las aguas del Estrecho. Y tal vez por ello, desde Tánger, el perfil de la costa andaluza se divisa como la tierra prometida.
A Tánger llegó también la bohemia intelectual de la mano de Paul Bowles, William Burroughs, Roland Barthes y la llamada generación Beat, que se instalaba siempre en el hotel Muniria. Todos ellos añadieron una capa de glamour al polvo que había dejado la dura tarea de ejercer como encrucijada de culturas. Hoy esta condición le ha infundido un carácter cosmopolita que la distingue de otras urbes de Marruecos. Tánger cuenta con un interesante patrimonio artístico y arquitectónico y también con bonitas playas en sus alrededores. Pero nada hay tan característico como su antigua Medina, levantada sobre una pequeña colina cerca del puerto. Por sus calles tortuosas y atestadas de gente se respira la esencia del comercio, que es la esencia legendaria de Tánger. Y al paso salen la Gran Mezquita, la antigua residencia del naib, el Museo de la Alcazaba, el Palacio de Sidi Hosni... y la casba, donde se abre el Museo Dar el-Makhzen con su colección de arte marroquí.
Tánger es un mejunje de colores, olores y sabores. Un mundo extraño a tan sólo un paso del nuestro. Y eso que Pío Baroja llegó a comparar su zoco con la madrileña Puerta del Sol: «en ambas -dijo- se discute, se fuma, se toma café y se miente por igual».
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veskiko73
23.ene.2012 | 23:15
#1
Sr Echeverria. Una pasada las fotos de Tanger, parecen cuadros...que gozada. Saludos
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Stultifer
26.ene.2012 | 09:15
#2
Perfecto el reportaje, geniales las imágenes, pero en ningún lugar aparecen los problemas que hay para cruzar la frontera. El descontrol en el barco para sellar los pasaportes o el caos que se crea en un paso fronterizo. Los visitantes primerizos a Marruecos quedan sorprendidos y enfadados por el tipo de desorganización. No estaría de más incluir esta información en los reportajes.
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crame
26.ene.2012 | 13:38
#3
@Stultifer, viajo en primavera todos los años a Tanger, es un lugar embriagador y personalmente nunca he tenido problemas de accesso o he sufrido retrasos significativos en avión o tren. Obviamente no es Europa, en eso estoy de acuerdo. En cualquier caso, cuando se pone un pie allá, el reloj biológico cambia el ritmo y se empieza a disfrutar de la vida de otra manera, con sosiego y reflexión. Sencillamente, un paraiso para mi. Lo recomiendo encarecidamente.
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Stultifer
26.ene.2012 | 18:32
#4
@crame "nunca he tenido problemas de accesso o he sufrido retrasos significativos en avión o tren" Te recomiendo que si quieres aventura cruces el Estrecho en barco. En primavera.
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david1972
28.ene.2012 | 20:52
#5
Una ciudad caótica, sucia y desangelada, destinada a engañar al turista mediante cuatro tópicos mal representados de la cultura marroquí, como todo el norte del país. Si alguien pretende conocer un Marruecos más auténtico debe evitar estas ciudades, y desde luego viajar al sur del Atlas
