Andalucía por descubrir

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Andalucía por descubrir

Cádiz, música
y épica

Para ir a Cádiz no son necesarias las insistencias. Pero si, aun así, buscamos excusas para volver a ella este mes de noviembre la ciudad atlántica celebra el IX Festival de Música Española.

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Otoño llega a Cádiz cargado de actos culturales. El IX Festival de Música Española se celebra entre los días 18 y 26 de noviembre; se citarán importantes orquestas y los recitales se celebrarán en el Gran Teatro Falla. El romance entre Cádiz y la música viene de lejos. Manuel de Falla nació aquí, en una casa que mira a plaza de Mina, próxima al Museo de la Ciudad. Y tras su muerte en Alta Gracia, Argentina, en noviembre de 1946 –se cumplen estos días 65 años de su fallecimiento– sus restos mortales fueron trasladados a la Catedral de Cádiz donde reposan en la cripta, al lado de los del escritor José María Pemán.

Cádiz es la ciudad española más parecida a América. En ningún otro lugar son tan fuertes los vínculos. Se diría que la capital andaluza es en virtud de sus días y sus humores un trasunto de Cartagena de Indias, de Quito o Lima, de Antigua o San Juan de Puerto Rico. Con todas ellas guarda hermandad. O mejor dicho: todas ellas guardan hermandad con Cádiz, pues fue de esta ciudad de donde salieron los postulados arquitectónicos y urbanísticos que trazaron la América hispana. Pero de entre todas Cádiz guarda un parecido sospechosamente idéntico con La Habana, capital de Cuba.

No hay en el mundo dos ciudades más parecidas entre sí. La calle Obispo de aquella ciudad es la calle Sacramento de esta. La plaza de la Catedral de allí es esta otra donde se alzan altas palmeras y las sombras proyectadas de los dos campanarios y la cúpula de azulejo amarillo brilla frente al reflejo de las aguas del océano Atlántico, las mismas aguas que bañan una y otra orilla.

Cantes de ida y vuelta

Como un cante de ida y vuelta, como una copla o una habanera, las dos ciudades se observan desde la distancia con la certeza de haber sido amamantadas por la misma madre. En otoño Cádiz es una ciudad para recorrer a pie y sin prisas. Todos los días del año sus puestas de sol son distintas. Pero en estas fechas son inolvidables. Desde el castillo de Santa Catalina, convertido en centro de exposiciones, desde las almenas y garitas en las que se divisan las aguas que entran a la playa de La Caleta y azotan los baluartes del castillo de San Sebastián que está enfrente, las puestas de sol son un regalo mágico de la tarde, los colores y el horizonte.

Catedral de la ciudad.

Hay costumbre de aplaudir cuando el sol se pierde al fin entre la raya del océano. Y hay quien demora la vuelta observando los colores incendiados que la luz de nuestra estrella tiene a bien regalarnos hasta que la noche cae finalmente sobre la ciudad y las luces de los paseos se encienden indicando el camino que lleva a las grandes plazas de la ciudad. Cádiz es barroca y blanca, y aunque sus credenciales aseguran que es la ciudad más antigua de Occidente, que sobre sus espaldas tapizadas de piedra ostionera lleva el peso de más de tres mil años de historia, la ciudad que hoy recorremos es dieciochesca, burguesa y liberal.

No es de extrañar que cuando España estaba sitiada por los invasores franceses solo esta isla unida por una estrecha lengua de agua a la península permaneciera como único territorio nacional y que al cabo de los meses sus diputados promulgaran la primera Constitución cuyo bicentenario se celebrará el año próximo. La plaza de San Antonio, el viejo rectángulo de juegos y fastos sociales de la ciudad dadivosa, es un lugar de encuentro donde derivan algunas de las principales calles señoriales de la capital.

El bullicio del puerto

La calle Ancha, por ejemplo, guarda el aroma de los largos paseos a media tarde, del ritmo lento, los cafés y sus tertulias interminables, los ateneos cultos y las librerías en cuyos escaparates nunca faltaron los panegíricos a los diputados reunidos aquel 1812 en el cercano oratorio de San Felipe Neri. A esa ciudad elegante suma Cádiz el trajín de su puerto bullicioso, de sus barcos cargados de aventuras, de los diques donde amarran buques como el Juan Sebastián Elcano que enseña como una escuela naval los apasionantes secretos de la navegación y de sus evocadoras palabras.

Vista privilegiada de Cádiz.

Hay al lado de la plaza de San Juan de Dios, donde está el edificio isabelino del Ayuntamiento, un barrio conocido como Santa María donde las mujeres cuelgan las sábanas blancas mirando a la calle a esperar que la brisa del mediodía las seque. Hay en sus calles un aire perdido a taberna de vinos de Sanlúcar y pescado frito servido en cartuchos de papel. Y sus viejos parecen herederos de retirados piratas tan ajados y antiguos como estas piedras que tapizan las calles y los suelos y que fueron utilizadas como lastre en los barcos que entraban y salían por la bocana del puerto.

A Andalucía la alumbran virtudes inigualables. Se dice –y con razón– que el andaluz peca de empacho y orgullo. Pero no le faltan razones. Cádiz es una de ellas y en estos días de otoño el atractivo aumenta en una ciudad que a sus encantos monumentales une excusas culturales tentadoras que invitan a volver a ella.

4 » Comentarios ¿Quieres comentar? Entra o regístrate

  1. Verena6 17.nov.2011 | 00:50

    #1

    Magnífico y bello artículo, plagado de verdades sobre una ciudad milenaria y muy bonita. Una pena que sea la capital de una de las provincias con más paro de España (si no la que más), y que ofrece al visitante sus preciosas playas y su ya conocida hospitalidad. Para conocer más de esta coqueta ciudad les recomiendo "Recorrido sentimental por la ciudad de Cádiz" (2008, Ed. Absalon) escrito por Belén Peralta y prologado por el periodista Carlos Herrera, una amena mezcla de texto histórico, ensayístico y lírico donde se describen los rincones más pintorescos y bellos de la capital, sobre todo de su casco histórico.

  2. pumarejo 17.nov.2011 | 09:29

    #2

    Buena descripción sintetizada en el escaso espacio del que suelen disponer los colaboradores de los periódicos. Meter ahí todo lo que se suele decir y contar son caer en topicazos no es fácil y más tanto si al final deja una imagen real y aproximada al que no la ha visitado como si el que la conoce se identifica con lo descrito y confirma sensaciones ya conocidas.

  3. mphm 17.nov.2011 | 18:14

    #3

    Muy bonito el artículo. Pero tengo que decir que la costumbre de aplaudir en las puestas de sol es más de los guiris. No es algo que solamos hacer los gaditanos.

  4. Verena6 18.nov.2011 | 01:39

    #4

    #3 Le doy a usted la razón, pero creo que aquí el periodista se refiere a la costumbre de aplaudir en la propuesta cultural "Las puestas de sol en el Castillo de santa Catalina", todos los miércoles del verano. Yo soy gaditana y allí aplaudimos gaditanos y foráneos cuando se pone el sol.

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