Cabo de Gata en estado puro

Hay hoteles más lujosos, con fantásticas vistas al mar, más sofisticados, con un diseño contemporáneo de firma, pero quizás es difícil encontrar un lugar tan auténtico como el Cortijo de los Malenos.

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Desde su transformación en casa rural hace ocho años, la antigua casa de labranza de Los Malenos, en Cabo de Gata, se ha ido convirtiendo, paso a paso, sin prisas, en el lugar perfecto donde conocer de cerca todo ese cúmulo de experiencias que han transformado este rincón de Almería en un mito. Desde lejos, viniendo de Níjar o Carboneras, parece un oasis en medio de un desierto de esparto y, en realidad, es exactamente eso.

A medida que nos acercamos, vamos descubriendo buganvillas, palmeras, adelfas, olivos algarrobos y otras muchas plantas que van a dar nombre a la docena de habitaciones con las que cuenta el cortijo. Están repartidas en un laberinto de edificaciones que siguen el estilo tradicional de la zona pero donde siempre hay un detalle, ya sea un arco, unas rejas, unos tiestos, un azulejo que nos llaman la atención y nos hacen ver más lejos. Es una arquitectura sin pretensiones, tan sencilla como rotunda. Los Malenos está lleno de rincones secretos detrás de esos grandes portones que separan dos mundos muy distintos.

Una librería-bar

Algunos se esconden entre las habitaciones, como ese precioso patio rosa que hace las veces de restaurante por las noches o se puede transformar en una improvisada sala de conciertos en verano. Hay una librería que funciona como bar donde cada huésped toma lo que desea, se sirve él mismo, lo apunta y después se le carga en su cuenta mientras escucha jazz. El verdadero restaurante nos muestra una vista insólita del entorno.

Perderse por la noche en los alrededores es una experiencia que roza lo sublime

En otro espacio se reciben masajes, pero quizás los rincones más sugerentes y especiales se encuentran más allá de las edificaciones, repartidos por toda la finca, a diferentes niveles, en esas siete u ocho hectáreas llenas de todo tipo de cactus, granados, yerbas aromáticas y matorrales que terminan mimetizándose con el paisaje. En cada uno se va a encontrar un confortable refugio donde leer, pensar, escuchar música, charlar con alguien o simplemente mirar ese paisaje tan abrupto y áspero como irresistible.

En el camino aparece la piscina con aire de alberca, el mar en la lejanía, un par de burros con personalidad propia, gallinas, salamandras, camaleones y un montón de pájaros. Si durante el día es una delicia perderse por el campo, por la noche es una experiencia que roza con lo sublime. El cielo se llena de estrellas visibles al no existir contaminación lumínica ya que sólo unas pocas velas y lamparillas nos ayudan a encontrar nuestro camino.

Naturaleza cargada de matices

Como en el resto del hotel, la decoración de las habitaciones es de una sencillez casi espartana pero con toques muy personales que le dan calidez y una sutil y discreta elegancia, frutos de un estilo propio forjado durante muchos años. No hay televisión y el aire acondicionado se limita a ventiladores en el techo. El blanco inmaculado de las paredes y la ropa de cama contrastan con el oscuro de los muebles pero de pronto surge una tela de un color distinto colgada de una viga y sólo hay que abrir las contras de la terraza para encontrarse imbuido en una naturaleza cargada de matices y tonalidades distintas.

Los cuartos de baño son pequeñitos pero no falta de nada. Detrás del proyecto está Aurora Cacho, su propietaria. Una mujer que sabe perfectamente lo que le gusta, lo que quiere y lo transmite en este espacio en continuo proceso de creación. Eso sí, ayudada por Carmen, Mariana o Fina, responsable de la oferta gastronómica. Los desayunos son un festín donde no falta ese jamón que uno mismo puede ir cortando o pequeñas sorpresas de la cocinera. Pero este remanso de paz, este lugar donde perderse o reencontrarse no puede estar mejor situado en el Parque Natural, a sólo tres kilómetros de Agua Amarga, a poco más de las playas de los Muertos, la Cala de en medio o el Plomo. Y a unos cinco o seis de Carboneras, con sus bares famosos por sus generosas tapas.

2 » Comentarios ¿Quieres comentar? Entra o regístrate

  1. samsa2001 30.jul.2012 | 12:38

    #1

    Totalmente de acuerdo con el artículo. Yo creo que una de las razones que hacen que este Parque Natural sea tan bello es el singular paisaje volcánico, único paraje semi-árido de Europa, que destaca sobre el azul del mar. Si estáis pensando conocer el Cabo de Gata os recomiendo visitéis mi página personal donde encontraréis información de utilidad para preparar la visita: http://www.cabogataalmeria.com/

  2. javier_miralda 12.sep.2013 | 15:58

    #2

    gracias por la reseñas que hacéis, es muy importante para mi saber donde os alojáis durante los viajes.

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