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Oktoberfest
o el homenaje
a la cerveza
Siete millones de litros de cerveza, otros tantos de visitantes, 500.000 pollos asados, 150.000 salchichas... Son las colosales cifras que baraja el Oktobertfest, la fiesta popular en honor al líquido elemento asociada irremediablemente a Múnich desde 1810 y que este año se extiende hasta el 3 de octubre. Nos colamos en sus entrañas y en las de la propia ciudad que, aunque estos días casi no lo parezca, esconde mucho más.
1. Un par de mazazos
El que da su beneplácito a la primera jarra de cerveza es el presidente de Baviera, estado del que es capital Múnich. Y el que se la sirve, el propio alcalde de la ciudad tras asestar un par de mazazos al barril inaugural de la fiesta. Y a partir de ahí, comienza un no parar de desfiles de trajes tradicionales, ferias culinarias, atracciones, bandas de música, concursos de tiro al arco... y lo que se tercie. La sede del invento es la explanada de Santa Teresa o Theresienwiese (Wiesn). La entrada es gratuita pero, una vez allí, los precios no bajan de entre 8,70 y 9,20 euros la jarra de litro. Por si acaso, los domingos están destinados a las visitas en familia, con descuento incluido.
2. El origen de la leyenda
Para los más curiosos, el primer Oktoberfest se remonta a 1810, cuando se celebró la boda entre Luis I de Baviera y Teresa de Sajonia bajo el lema bebida para todos. El festejo tuvo tanto éxito que, 201 años después, es toda una leyenda. Eso sí, la cerveza está sometida a la Ley de Pureza de 1516, que sólo permite producirla con cebada, agua, malta y lúpulo. Quien quiera adentrarse un poco más en la evolución de la fiesta puede participar en los recorridos guiados por Santa Teresa (se suelen montar sólo 16 gigantescas carpas), que se lleva a cabo en varios idiomas.
3. De picnic en el jardín
El universo alcohólico de Múnich lo completan los clásicos jardines de cerveza (biergärten), terrazas al aire libre donde se suelen reunir propios y extraños en torno a un ancestral castaño (al menos, así lo marcaba la tradición...) para degustar su bebida preferida. La culpa la tuvieron los bodegueros, que decidieron despachar su producto directamente, sin intermediarios, con el consiguiente mosqueo de los taberneros. Éstos protestaron ante Luis I, quien despachó el problema permitiendo que las terrazas sirvieran bebida, pero no comida. De esta manera, los que quisieran acompañar sus jarras con algún tipo de vianda debían traerla de casa. Uno de los jardines más agradables es el de la Plaza del Mercado, con puestos de queso, carnes de caza, frutas exóticas, salchichas XXL o delicatessen para rematar el picnic.
4. Las Casas de la Cerveza
Quien no quiera pasarse por el Oktoberfest puede quedarse en las llamadas Casas de la Cerveza que salpican la ciudad. Se trata de enormes tabernas tradicionales bávaras dependientes de las distintas fábricas cerveceras de la zona. En algunas como la Hofbräuhaus de la calle Platzl caben hasta 300.000 personas acodadas en larguíiiisimas hileras de bancos de madera. Entre las favoritas de los muniqueses también figura Agustiner, en Neuhauserstrasse, en pleno centro. Lo suyo es acompañar la bebida con más que generosos codillos o salchichas de la casa siempre que a uno le apetezca desayunarlas, ya que no suele ser muy habitual pedirlas a partir de las 12 del mediodía.
5. Entre la virgen y el diablo
Hasta aquí el capítulo gastro-cervecero. Ahora toca sesión histórica, con la imponente plaza de Marienplatz como epicentro cultural, social y político de Múnich. Aquí, con la diminuta estatua color oro de la virgen en el centro, se celebran las manifestaciones por la crisis, las fiestas si gana el Bayern y el carnaval, al igual que antaño se ajusticiaba a los reos o se organizaban torneos de todo signo. También destacan el Ayuntamiento antiguo (y el nuevo) y la Frauenkirche, la catedral gótica de impactantes cúpulas verdes. Es el emblema de la ciudad y donde el mismísimo diablo dejó su «huella» en la puerta. Aun así, los muniqueses prefieren utilizar la Fuente del Pez como punto de encuentro.
6. La huella de Hitler
El 8 de noviembre de 1923, Adolf Hitler tomó la cervecería Bürgerbräukeller, en pleno centro, al grito de «La revolución nacional ha comenzado». Más de un curioso (o morboso) la busca hoy sin éxito. Sí puede llegar a la Odeonsplatz, siguiente parada del führer y donde los policías lograron pararle los pies matando a 16 de sus seguidores. Cuando 10 años después obtiene el poder, mandó enterrarlos en el edificio como si fuesen mártires. Por eso, todo el que pasaba por allí debía hacer el saludo nazi. Quien no quería, debía dar la vuelta por la Viscardigasse, que pasó a ser conocida como el Callejón de los tramposos. Los recuerdos de aquella funesta época siguen en la actual Universidad de la Música, en Briennerstrasse, donde estaban las oficinas del partido nazi.
7. Mitos arquitectónicos
Las Olimpiadas de 1972 pusieron el foco sobre Múnich por el atentado contra varios atletas israelíes, pero también por el moderno complejo de formas picudas que sigue en pie, hoy convertido en centro de ocio. Se ve perfectamente desde la Torre de la Televisión. Y desde el deconstructivista Museo BMW. O lo que es lo mismo, una espectacular mole de 4.000 toneladas en forma de tornado que, milagrosamente, parece pender en el aire. Por su parte, los arquitectos Herzog & de Meuron firman edificios como Cinco patios, un pasaje comercial lleno de cafés con encanto, tiendas chic y galerías, o el Allianz Arena. Nota: este último se tiñe de rojo si juega el Bayern, de azul si lo hace el TSV 1860 München, el otro equipo local, y de blanco si viene la selección.
8.Efervescencia cultural
Una de las señas de identidad de Múnich es su efervescente vida cultural, traducida en 50 museos (el Brandhors, el Museo Judío, la Pinacoteca de la Modernidad...), 90 teatros (el Kammerspiele, el Alemán, la Ópera Estatal de Baviera...), 60 y tantos cines... No en vano, en el Teatro Nacional se estrenó la mayoría de las obras de Wagner. Y en la Residencia, morada oficial de los reyes de Baviera, se alterna arte renacentista, barroco, rococó y clásico. A la lista hay que añadir un imparable ascenso de editoriales, productoras de cine y empresas tecnológicas. Por eso, no extraña que la capital bávara se enorgullezca de tener uno de los índices de paro más bajos de Alemania. La huella alternativa sigue en los barrios de Glockenbach y Gärtnerplatz, llenos de galerías punteras, clubs de moda y restaurantes de última generación.
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mcain
22.sep.2011 | 08:16
#1
Me encantó el artículo; Munich es una ciudad fantástica aunque nunca he estado en la fiesta de la cerveza. Esta fiesta nació para celebrar la boda de Luis de Baviera con Amalia de Sajonia. Hay un ebook gratuito y fácil de leer sobre la vida de estos personajes en donde se hace referencia al regalo que Luis hizo a su pueblo. Baules y maletas en lee-gratis com
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periodistasmercenarios
22.sep.2011 | 09:02
#2
He estado en munich del 7 al 11 de Septiembre y es una ciudad que,además del Oktoberfest, tiene mucho que ofrecer. Mención especial, aparte de las referencias que se hacen en el artículo, el Campo de Concentración de Dachau, el primero erigido por el III Reich, toda una lección de historia y la Althe PInacotheke, museo de pintura antigua que reúne una magnífica colección en la que se puede destacar el grueso de obras falmencas, alemanas, Rubens y la Sala Española, donde encontrar obras de Murillo, Velázquez, El Greco, Claudio Coello...Muy recomedables si, entre cerveza y cerveza, interesa una alternativa cultural.
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Berpi
22.sep.2011 | 10:14
#3
Y qué decir del Milchbar y de los chupitos de Jägermeister.
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Quepais
22.sep.2011 | 11:01
#4
Buen recordatorio de esta gran ciudad. Estuve hace ahora 20 años y me encantó la ciudad. La Oktoberfest está bien aunque me decepcionó un poco (en realidad era un parque de atracciones con grandes casetas). Lo mejor, los alemanes en sí. Gente super maja y abierta, me imagino que el alcohol tenía mucho que ver. El Deuch Museum es impresionante, la zona olímpica y el centro son imprescindibles. Me gustaría volver algún día con la familia.
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Schatzy
22.sep.2011 | 11:17
#5
He vivido 3 años en Alemania y vivio alguna Oktoberfest y alguna Frühlingfest (la fiesta de la primavera) y son geniales. Todos el mundo sentado en bancos corridos bebiendo, comeno y cantando. Los alemanes son buena gente, si. me caen bien. Y me han tratado de maravilla. Sitios que visitar en Alemania además de los típicos: Rottenburg ob der tauben Maulhbron, Andech.
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nowka
22.sep.2011 | 14:01
#6
Sin duda la ciudad de München es muy agradable y curiosa por sus descomunales fiestas,pero la del Oktoberfest ha degenerado en una orgia de comidas y bebidas,la jarra de cerveza de un litro con un tercio de espuma vale ya 9,20 ¤ y la cantidad de beodos que deben ser asistidos cada dia por el personal sanitario va en aumento .Todo es carísimo y con menos de 100 ¤ por persona no vale la pena de ir...,un mercado que no se mencina en sus artículos es el "VITUALLIENMARK"lo mejor y mas exótico de frutas verduras embutidos quesos y demás.
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whigt
22.sep.2011 | 14:07
#7
Munich preciosa tal y como se describe en el articulo. Sobre Dachau, merece la pena conocerlo, pero no es comparable a Austwich o Terezin. Si en Dachau se ponen los pelos de punta en Austwich llega un momento que no puedes seguir
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germania
22.sep.2011 | 14:48
#8
Alemania es Alemania, una Nacion incomparable por su tenacidad, y una pregunta, que tal si olvidamos los m alos recuerdos del pasado y nos centramos en la actual Alemania ?, no se puede estar recordando a los alemanes toda su vida el pasado, la historia es historia y no se puede borrar, otras barbaridades ocurrieron anteriormente, Roma, la Edad Media, Stalin, etc. siempre han habido guerras y masacres y solo recordamos la Alemania Nazi, centremonos en la fiesta de la cerveza que es maravillosa, un saludo a mis amigos de Alemania
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Tuxitala
22.sep.2011 | 18:38
#9
Al igual que en España se toman las 12 uvas por que los productores de la época tenían un exceso de stock y decidieron darle salida tomándolas al compás de las campanadas del último día del año; la Fiesta de la Cerveza de Munich tiene un origen similar: Exceso de producción de la "Marzenbier" y que mejor manera de darle salida que organizar una Fiesta de la Cerveza, tal vez unido a la otra "tradicional" excusa de una boda real.
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filosofopitecus
22.sep.2011 | 21:51
#10
Yo creo que los alemanes y pueblos de alrededor nacen con el gen birra,que es lo que les permite tragar esos pozales de cerveza, yo no sé si beben-hacen pis-beben hacen pis...pq eso de una tacada es impresionante, Y luego se comen salchichas como los gayatos para andar de los abuelos.
