Arquitectura colonial
Nostalgia del
Viejo Mundo
La memoria está tan aferrada a los gruesos muros de este hotel que a cada paso que uno da irrumpe un trocito de su pasado. Tanto que, si se agudiza el oído y se activa la imaginación, aún puede sentirse el eco de los cánticos y plegarias de aquellas monjas Carmelitas que fueron sus primeras moradoras. Porque lo que El Convento fue en sus orígenes fue eso, un convento, erigido en 1651 a la sombra de la Catedral del Viejo San Juan. El mismo rey Felipe IV de España había ordenado su construcción como una muestra de afecto: con ello quería colmar las ansias piadosas de la que entonces, con el brillo y esplendor de las colonias, obstentaba el noble cargo de hija del gobernador de Puerto Rico.
Se trata de un hotel único en una
ciudad a la que el influjo estadounidense ha traído demasiados neones insulsos
Tiempos más ingratos llegaron luego y el convento tuvo que reciclarse. Primero en sala de baile, luego en albergue de indigentes y, más tarde, en aparcamiento para camiones de basura, tristes destinos que lo despojaron de cuajo de su gloria inicial, cuando nació como una indiscutible obra maestra de la arquitectura colonial.
Afortunadamente, fue recuperado para el turismo con su misma estructura original, fiel en todos sus detalles al encanto del Viejo Mundo: robustas vigas de caoba, azulejos artesanales de estilo andaluz, sillas talladas, butacas de terciopelo y viejos arcones en los que se esconden miles de secretos.
Un refugio de paz
Y es pecisamente este carácter histórico y genuinamente puertorriqueño lo que hace de él un establecimiento único, en una ciudad a la que el influjo estadounidense ha traído demasiados neones y fachadas asépticas. En El Convento reina el silencio en todas sus estancias, desde el florido patio interior hasta cada una de sus habitaciones, a cuyo ambiente clásico no le faltan las comodidades modernas. Por algo es el único hotel de Puerto Rico en la lista de Small Luxury Hotels.
Sus cuatro restaurantes con diferentes ofertas culinarias, su centro de fitness y su sala de baile completan la oferta sencilla pero suficiente de este auténtico retiro palaciego del corazón del Viejo San Juan. Pero sin duda el momento más mágico es el del atardecer en la terraza, junto a la piscina con jacuzzi: todos los días, a esta hora, los huéspedes disfrutan de una copa de vino y unas tapitas de queso mientras el sol cae por los tejados hasta ocultarse detrás de la bahía.
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eneko1907
23.sep.2011 | 15:22
#1
Hace un par de años me hospedé en el convento, tenían una oferta asequible a través de su web, y la verdad es que tiene mucho encanto. el placeholder del mapa de google incluído no le hace justicia, el que fuera un convento está en la calle de cristo, debajo e la plaza donde muere la famosa calle de san sebastian, a unos escasos de donde empieza el campo abierto para acceder al morro. preservan la campana del convento y muchas otras cosas. recomendable.
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Suareza
23.sep.2011 | 16:56
#2
Me he hospedado con frecuencia en EL CONVENTO desde que abrio sus puertas a mediados de los '90. Su localizacion es excelente y su servicio a los huepedes es maximo. Es uno de esos hoteles que le hace la estadia en PUERTO RICO agradable y grata.
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tacata
23.sep.2011 | 19:17
#3
Que nostalgia. Recuerdo que mi padre me contaba que cuando se acercaba algun barco español, las monjitas españolas salían a recibirles desde la lejanía. Era la primera visión que muchos de los emigrantes de la postguerra tenían de America. Al menos era un consuelo sentimental para quien por circunstancias preceptivas se veía obligado a salir de su tierra para emprender un nuevo futuro lejos de la suya.
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cholos
23.sep.2011 | 22:40
#4
Para el #3; el hotel es un antiguo convento de Carmelitas Descalzas y el sitio -desde donde aún se agita la bandera española cuando un barco español entra en la bahía de San Juan- es otro convento. Están cerca, pero es el de las Siervas de María, que se dedican a atender ancianos. La bandera era la del barco "Antonio López", recogida por mi pariente Primitivo Rocafort Burcet y entregada a las monjitas antes de su muerte.
