Refugio de famosos, retiro de artistas y sueño para todos los que disfrutan de la navegación, las islas Vírgenes Británicas son un destino diferente bañado por un Caribe con aguas de seda, donde las emociones y la fiesta se esconden en cada isla.
Aunque hoy se habla inglés en las Islas Vírgenes, los españoles fueron los primeros europeos que pusieron su huella en estas tierras. El imperio español estuvo presente en las islas desde principios del siglo XVI hasta que los holandeses establecieron un asentamiento en la isla de Tórtola en 1648. Con la decadencia española, llegarían los ingleses, en 1672, que expulsaron a los holandeses y se quedaron para siempre en las islas, introduciendo el cultivo de la caña de azúcar y los esclavos africanos para trabajar en las plantaciones.
Hoy, las Islas Vírgenes son el otro Caribe, el británico, donde aún quedan muchos recuerdos de la presencia española, como los restos de la fortaleza que preside el Parque Nacional de Little Fort.
Tras muchos avatares, en 1917 EEUU compró Saint John, Saint Thomas y Saint Croix a los daneses por 17 millones de dólares estadounidenses, renombrándolas Islas Vírgenes de los Estados Unidos. Posteriormente, los británicos renombraron las islas que ellos controlaban como Islas Vírgenes Británicas (BVI, siglas en inglés), que hoy son una colonia británica autónoma con un administrador que representa a la reina.
Algo tienen que tener estas aguas cuando Richard Branson tiene su propia isla, los Rockefeller guardan algunas de sus mejores propiedades en la zona y la banca española manda sus barcos más lujosos.
La carta de navegación que extendemos en la cabina de nuestro catamarán no habla de los aspectos paradisíacos de estos islotes que en los siglos XVI y XVII sirvieron de refugio a los piratas y bucaneros que alimentan las leyendas locales sobre tesoros increíbles escondidos en estos parajes.
Desde la primera noche que abandonamos la base de Sunsail en Village Cay, en Tórtola, las condiciones de navegación en las Islas Vírgenes son el sueño de todo navegante, con vientos constantes de componente este de entre 10 a 25 nudos.
En el Caribe lo suyo es navegar controlando siempre lo que viene por el este para evitar sorpresas con algún chubasco que nos pille distraídos. Toda la zona de las BVI cuenta con muy buena infraestructura para la navegación de recreo, muchos lugares donde poder conseguir agua, llenar combustible o comprar hielo. Una de las cosas que más gustan a los navegantes de esta zona es que en todos los fondeaderos hay puertos con boya que se alquilan a 20-25 la noche. Esto hace que mucha gente se anime a navegar aquí por la seguridad de pasar la noche amarrado a una boya segura y no estar pendiente del fondeo.
En seis días de navegación, cada jornada guarda una sorpresa. La posibilidad de fondear en Cooper Island, Peter Island o Norman Island nos enseña un Caribe diferente. Fondear frente a una cala privada o intercambiar algún que otro libro ya leído son rituales casi obligados.
Hasta el cielo quiere tener un cierto protagonismo. Al final de la temporada de lluvias, las nubes tienen un intenso color grisáceo antes de descargar una salvaje masa de agua. Incluso no falta ese tramo de tormenta, donde llueve con emoción. Luego, cuando vuelve la calma, es el mejor momento para retomar una buena charla en cubierta o saborear un guiso de langosta.
Hasta los famosos se pueden comportar aquí con normalidad... Cada islote puede convertirse en la foto perfecta. Desde el timón, dando órdenes a la tripulación, se entiende mejor lo que es el paraíso.
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