Vecino de las estrellas
El Beverly Hills Hotel inaugura dos nuevos bungalows presidenciales, la primera expansión en más de medio siglo. Son las suites más exclusivas de Los Ángeles.
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Todos los años por estas fechas me toca ir a Los Angeles a cubrir una convención de videojuegos. Es una excusa perfecta para ver a viejos amigos y recibir una pequeña dosis de la ciudad, que poco a poco empiezo a tolerar. Para mí Los Angeles es uno de esos sabores a los que hay que ir acostumbrándose poco a poco, a sorbitos. Parte del problema es que nunca tengo un coche y eso en Los Ángeles es casi como no saber andar.
Este año no voy y me pierdo entre otras cosas la oportunidad de visitar uno de los hoteles con más historia de los Estados Unidos, el Beverly Hills Hotel. Para hacerse una idea de lo que este hotel supone para Los Ángeles basta con saber que circula el rumor de que los vecinos del exclusivo barrio de Beverly Hills y los taxistas de la ciudad lo conocen simplemente por «el hotel».
Construido en 1912 el hotel se convirtió pronto en el lugar preferido para hacer negocios de la ciudad. Cuando Los Ángeles giró hacia la industria del cine y el entretenimiento los restaurantes y salones del establecimiento comenzaron a acoger algunas de las reuniones más importantes de productores, directores y actores. Fue la sala de fiestas de estrellas del cine mudo de la talla de Charlie Chaplin, Gloria Swanson o Rudolph Valentino en la década de los 20. Howard Huges lo convirtió en su casa durante los 40. Marlene Dietrich apareció un día en pantalones en el restaurante y club del hotel, el Polo Lounge, y cambió para siempre las reglas de etiqueta de la ciudad, que exigían a las mujeres vestir con falda o vestido.
Podríamos seguir así durante horas.
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Hoy el hotel es propiedad del sultán de Brunei y sigue siendo uno de los establecimientos con más glamour de la ciudad de Los Ángeles, sobre todo sus famosos bungalows. Esta semana el hotel ha inaugurado dos de nueva construcción, los bungalows presidenciales, la primera ampliación en casi medio siglo. Son las suites más exclusivas de la ciudad con más de 460 metros cuadrados de casa y jardines, con piscina privada, y rodeados de plataneras y palmeras.
Una noche en estas mansiones supera los 15.000 dólares (10.000 euros) y tienen tres habitaciones con baño propio, chimeneas de piedra en todas las estancias. Son tan privados y seguros que también tienen el privilegio de ser los primeros con ducha privada al aire libre. A este rincón de Beverly Hills llegan las estrellas, pero no los paparazzi.