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Blow Up Hall 5050, de Lozano-Hemmer

A diferencia de otros hoteles en los que el huésped sólo disfruta de un entorno cargado de arte, en Blow Up Hall 5050 el huesped se transforma en protagonista del proceso creativo de un artista y acepta gustoso sus condiciones que incluyen, eso sí, la experiencia de vivir en un hotel de 5 estrellas que no se parece a ningún otro.

Javier Mazorra

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Actualizado martes 21/06/2011 17:59 horas
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Ubicado en Poznan, en una antigua cervecería del siglo XIX de ladrillo, su aspecto pseudo-industrial apenas deja intuir lo que se descubre en su interior. Desde el mismo momento en que se entra en el edificio, múltiples cámaras de vigilancia captan nuestra imagen, reproduciéndola y fragmentándola en inmensas pantallas, comenzando así un proceso que se desarrolla a lo largo de una estancia cargada de sorpresas y vivencias únicas, donde casi nada es lo que parece. Desde el techo a las paredes, pasando por muchos de los muebles.

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El concepto del proyecto es una colaboración entre el controvertido artista multimedia mexicano-canadiense Rafael Lozano-Hemmer (www.lozano-hemmer.com) -quien creo en 2007 una instalación electrónica inspirada en la inquietante película Blow Up de Michealangelo Antonioni (basada a su vez en un cuento de Julio Cortazar)- y la riquísima emprendedora y coleccionista de arte polaca Grażyna Kulczyk, quien no sólo se enamoró de la obra sino que quiso compartirla con los demás a través de un insólito hotel creado en función y alrededor del mundo de este artista.

Sólo cuenta con 22 habitaciones, pero son todas diferentes. Sin duda son lujosas, absolutamente excéntricas y originales, y además casi siempre perfectamente habitables. Algunas son rabiosamente blancas, otras, profundamente negras. Hay un creador específico tras cada una de ellas, aunque quien los ha elegido ha sido siempre la Señora Kulczyk.

Parte de la originalidad del concepto es que, en teoría, la habitación es la que elige al huésped y no al contrario, como suele ser habitual. No hay números, ni puertas convencionales que nos indiquen donde están. Como única pista, nuestro rostro aparece de pronto en la pared de un pasillo, indicando que hemos llegado a nuestro destino. Como llave sólo contamos con un i-phone que el hotel proporciona al cliente y va abriendo habitaciones y otros servicios.

Tanto el restaurante como el bar son ligeramente más convencionales, aunque son fieles al concepto de sus creadores. Como en toda película de misterio es mejor no revelar todo los detalles y mucho menos el desenlace. Apenas se puede desvelar que cada rincón de edificio tiene algún tipo de obra de arte. Ya sea a través de una intervención lumínica como Irrlichter de Sebastián Hempel, o de una biblioteca virtual como los Archivos Nacionales, de Patrick Tourneboeuf, o de imágenes tan conmovedoras y sugerentes como las de Vanesa Beecroft o Spencer Tunick. La página web del hotel, que sólo existe en polaco para crear aun mayor misterio, es otra obra de arte en sí misma y apenas nos revela algunos de los muchos secretos que guarda este laboratorio, esta cámara oscura que puede irritar, desatar pasiones, pero que sin duda no deja a nadie indiferente.

El hotel forma parte del ambicioso complejo Stary Browar, un centro comercial que ha conseguido todos los grandes premios internacionales en el ramo y donde Grażyna Kulczyk ha conseguido que el mundo del negocio ayude al arte y viceversa. Al lado de una inmensa tienda de Zara aparecen obras de arte de Mitoraj, de Choe U ram, de Adam Garnek, del mismo Lozano-Hemmer y de otros muchos artistas, pero también un precioso tapiz persa escondido en el lugar más insospechado. Hay grandes salas de exposiciones donde se puede ver una retrospectiva de Jenny Holzer -como la que se ha organizado durante el 2011- y no es raro coincidir con un concierto de música clásica o electrónica. En realidad, cualquier cosa es posible en este centro comercial que ha roto los moldes que se pueden tener sobre este tipo de establecimientos.

El Blow Up Hall 5050 es sólo uno de los muchos tesoros que guarda Poznan, una ciudad a medio camino entre Berlín y Varsovia, donde se puede encontrar el último castillo de cuento de hadas construido por un monarca en Europa, un parque lleno de obras de Marina Abramovic o un museo dedicado al autor de Quo Vadis.

| Blow Up Hall 5050. Kosciuszki 42. Poznan. Polonia. Tfno.: 0048 61 657 99 80. www.blowuphall5050.com. A partir de 215 euros.

| Reservas en www.splendia.com.

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