Foto

El Estoril de James Bond

El personaje creado por el novelista británico Ian Fleming e inmortalizado tantas veces en el cine se convierte en reclamo turístico para redescubrir con otros ojos este hermoso rincón de la costa de Portugal, estratégicamente situado en el Atlántico y salpicado de lujosas villas y lugares secretos.

La neutralidad de Portugal durante la II Guerra Mundial y su estratégica posición en el Atlántico convirtieron al país y muy en especial a Lisboa y a la Costa de Estoril en privilegiado escenario para multitud de refugiados - con cabezas coronadas o sin ellas-, pero también para los servicios de inteligencia, tanto de los aliados, como del Eje, eso sí, siempre vigilados por la policía secreta del gobierno de Salazar. Una realidad que se ha visto reflejada en las novelas de Robert Wilson (ver La Lisboa de del inspector Zé Coelho) e incluso en El tiempo entre costuras de María Dueñas y que, de alguna forma, transmitió Ian Fleming aunque sin citarlo en su novela Casino Royale, inspirada en su primera visita a Estoril en 1941.

Setenta años más tarde, la costa de Estoril nos invita a redescubrir este rincón de Portugal con diferentes ojos, utilizando como guía a James Bond, el emblemático personaje creado por el novelista británico y destacado agente de la inteligencia del Almirantazgo. Si no puede echar mano de un Aston Martin, el coche favorito del Agente 007, lo más recomendable para hacerse una idea general de este territorio en el extremo occidental de Europa es subirse a un Piper Cherokke de Air Nimbus en el aeródromo de Cascais Tires, donde por cierto llegaron muchos de esos espías y personajes de la época, incluido un General Sanjurjo que, en su viaje de vuelta a España el 20 de julio de 1936, se estrellaría de forma misteriosa poco después de despegar.

Cuartel general de los aliados

En menos de media hora se descubre no sólo la costa, aún salpicada de lujosas villas y lugares secretos, sino también una enorme diversidad de paisajes desde el estuario del Tajo a la Sierra de Sintra, casi siempre cubierta de espesas nubes, para terminar en un Cabo de Roca misterioso y altivo, en la vanguardia occidental del continente. Después, llega el momento de buscar hotel. La elección más apropiada es el Hotel Palacio, inaugurado por Salazar en los años 30 para luego convertirse en cuartel general de los aliados y amigos de éstos en la capital portuguesa. Ya después de la guerra, se transformaría en la prolongación de Villa Giralda y, de alguna forma, en el Salón de muchas familias reales exiliadas, destacando la española, como se puede ver en la recientemente inaugurada Galería Real del Hotel.

El famoso Casino de Estoril.

Más recientemente, en 1969, ha servido para recrear una de las películas dedicadas a James Bond, 007 Al servicio secreto de su Majestad, dirigida por Peter R. Hunt e interpretada por George Lazenby. Quien no pueda alojarse por lo menos debería tomarse un Dry Martini en su famoso bar. Si el Hotel Palacio sigue siendo una referencia en esta costa habiéndose adaptado a las necesidades de nuestra época -que nadie se pierda unas sesión en su spa y centro termal, regentado por Bayan Tree-, los hoteles proalemanes han corrido mucho peor suerte.

El Atlántico que gustaba arriar la bandera nazi está cerrado esperando una nueva vida como apartahotel y el park que se encontraba justo al lado del Palacio, hace tiempo que fue destruido. Quien quiera saber cómo era y ver otras fotos de aquella época, sólo tiene que acercarse a la Pastelería Garrett, en la Avenida de Nice, que sigue siendo uno de los lugares más elegantes de Estoril manteniendo el encanto y el glamour de esa época dorada. Sus bollos son exquisitos y sus paredes han sido decoradas con fotos de los años 40. Muy cerca, se encuentra la Oficina de Correos inaugurada en 1942. Una joya de la arquitectura racionalista que sigue cumpliendo su función original y en cuyo primer piso se ha instalado un nuseo dedicado al exilio. Allí se cuenta la vida de los refugiados que llegaron al país durante aquellos años.

Suerte en la ruleta

El Palacio de Castro Guimaraes.

A la hora de comer, nada mejor que acercarse a Monte Estoril, donde permanece inalterable aunque con diferente nombre el English Bar, ahora el Cima. En realidad, debería haberse llamado el Scottish Bar (su dueño lo era). Allí se sabe que acudió en varias ocasiones Ian Fleming acompañado de Dusan Popoff, el que para muchos podría haber sido la inspiración de su personaje James Bond. De lo que no cabe duda es que este mujeriego yugoslavo era un agente doble que los alemanes conocían como Ivan y los ingleses como Tricycle. A dos pasos de allí, se encontraba precisamente el primer casino de la zona que, por aquella época, ya había sido substituido por uno más moderno cerca del Hotel Palacio. Ése también pasaría a mejor vida después de la Guerra, construyéndose un edificio donde se sigue recordando el Casino Royale de Ian Fleming. Un buen sitio para aprender a jugar Black Jack o probar suerte en la ruleta.

Lo que no ha cambiado es el ambiente de la Avenida de Portugal, detrás del nuevo Casino, donde se concentran muchas de aquellas villas ocupadas por británicos y exiliados de lujo, como las que describe Robert Wilson en sus novelas. Menos aún ha sido alterado el paisaje que rodea la villa real de Sintra. Se sabe que en lugares como en el espléndido Monserrate que había acogido a huéspedes tan ilustres como Lord Byron (hoy abierto al público) se celebraron importantes reuniones de los servicios de inteligencia británicos bajo los auspicios de la familia Cook.