Sor Tailandia
El otro día, en Aurangabad, en el estado indio de Maharashtra, alguien me llevó en coche por caminos polvorientos hasta un punto en el que la tierra se abría a mis pies, dejando ver un espectáculo formidable: una profunda y sinuosa garganta rompía el verde paisaje en forma de doble hoz.
...Lo más curioso es que la pared del desfiladero, un muro semicircular de puro basalto que tendría ochenta o cien metros de altura, estaba lleno de grandes oquedades con elaborados portales, que, aún en la distancia, me recordaron a Petra. Eran las míticas cuevas de Ayanta, excavadas en roca viva siglos antes de Cristo. Emocionado, no tuve paciencia de seguir una hora más en coche hasta el aparcamiento y decidí bajar a pie por la empinada ladera, algo que hacen sólo algunos lugareños. La bajada no fue fácil y llevó su tiempo, aunque seguramente no tanto como a los oficiales británicos que descubrieron las cuevas en 1819, mientras trataban de cazar un tigre.

La monja budista Dhammananda.
El paseo tuvo su recompensa. A medio camino, nos topamos con otra maravilla: las cascadas del río Waghora, cuyas aguas brotan poco más arriba y enseguida se precipitan en siete saltos magníficos hasta la gran caída final que las lleva al fondo de la garganta.
Sobre Ayanta escribiré con detalle en la serie Viajes Sagrados, pero lo interesante de aquella jornada es que tuve oportunidad de conocer a una peregrina singular, Dhammananda, una monja budista tailandesa que, al igual que yo, visitaba aquel día las cuevas. Como me resultaba muy difícil pronunciar su nombre, le pedí permiso para llamarla Sor Tailandia y me lo concedió con una carcajada.
La religiosa, hábitos de color ocre y cabeza tan rapada como la de Roberto Carlos, resultó ser una persona extraordinariamente comunicativa y abierta. En un momento de nuestra conversación me confió que estaba tratando de fundar, en su país, una orden mixta (de monjes y monjas conviviendo en gozosa compañía, se entiende), algo muy común, me aseguró, en lo primeros tiempos del budismo.
Aunque dudo que el empeño entrañe alguna ventaja espiritual, en el plano meramente terrenal me pareció un proyecto transgresor, en consonancia con los tiempos, así que la deseé suerte y aquí incluyo su página web (www.thaibhikkhunis.org), por si puede contribuir a iluminar alguna vocación desorientada.