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Palacio de Tepa, sobriedad atemporal

NH apuesta por la armonía y la serenidad en su nuevo cinco estrellas de Madrid. El interiorismo de Ramón Esteve apenas contrasta con la austera y elegante factura del edificio. La serenidad y armonía exterior del Palacio de Tepa se prolongan en sus espacios comunes y habitaciones.

Javier Mazorra

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Actualizado jueves 20/01/2011 16:44 horas
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¿Qué se puede hacer con un majestuoso palacio clasicista de principios del siglo XIX en el corazón del castizo Barrio de las Letras, cuando se desea convertirlo en un hotel de cinco estrellas? Lo más fácil hubiese sido transformar su interior en una llamativa caja de sorpresas con la firma de un decorador de moda, cuajada de guiños a la modernidad y con el mayor número de elementos disonantes dispuestos a epatar tanto a los huéspedes como a los lectores de revistas de decoración.

NH esta vez, sin embargo, ha elegido el camino opuesto. El interiorismo que ha desarrollado Ramón Esteve apenas contrasta con la austera y elegante fábrica del edificio. La contextualización es perfecta. Si desde fuera el Palacio de Tepa irradia serenidad y armonía, ese misma sensación se prolonga a primera vista, tanto en sus espacios comunes como en las habitaciones. La utilización de una discreta paleta de colores que va del gris al beige sin duda ayuda a plasmar ese ambiente y esa atmósfera envolvente donde nada parece desentonar. Después, si nos fijamos con detenimiento, descubrimos a cada paso el sello personal de este arquitecto decorador que siempre que puede apuesta por la atemporalidad, huyendo de cualquier artificio.

Tantos los muebles como los elementos decorativos que ha elegido son claramente contemporáneos pero se funden en el conjunto, respetando en todo momento la obra de Jorge Durán, un arquitecto neoclásico amigo de de Juan de Villanueva, quien posiblemente también colaboraría en las trazas del edificio. Tanto uno como otro pasaron por la Escuela de Roma y fueron figuras esenciales en la modernización de ese Madrid que todavía a finales del siglo XVIII permanecía anclado en el encorsetado mundo de los Austrias.

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Este Palacio de Tepa fue una de las numerosas mansiones que mandó construir en la Corte una nobleza progresivamente ilustrada, a finales del reinado de Carlos IV. Esteve, desde una visión contemporánea, rinde homenaje a esa época. Resultan especialmente felices sus soluciones para resaltar los huecos de las ventanas a través de sugerentes fotografías impresas en las contras que nos incitan a mirar hacia fuera y descubrir la fachada de la iglesia de San Sebastián, donde está enterrado Lope de Vega. Pero también hay recuerdos de las otras historias de este carismático rincón de Madrid.

Detrás de la recepción por ejemplo, descubrimos el pasado remoto del solar, a través de los restos del originario viaje de aguas de la Castellana de posiblemente el siglo XVI que ahora se puede ver a través de un suelo acristalado. De la Fonda de San Sebastián, punto de encuentro habitual de una de las tertulias literarias más famosas del siglo XVIII, con Nicolás Fernández de Moratin, Gaspar Melchor de Jovellanos o José Cadalso como contertulios habituales, sólo nos queda su memoria y una placa conmemorativa.

Tampoco queda nada palpable de aquel café frecuentado por médicos y científicos como Santiago Ramón y Cajal aunque el segundo Estado Puro de Paco Roncero en la capital recupera de alguna forma ese ambiente rompedor, desenfadado y vanguardista. Su imagen de James & Mau (Jaime Gaztelu y Mauricio Galeano) da una nota de color y fantasía, contrastando con el estilo que Esteve ha impuesto en el conjunto.

El hotel sólo cuenta con 84 habitaciones donde lo primordial ha sido respetar la estructura del edificio y sacarle el máximo partido tanto a los ventanales como a las claraboyas del techo. Lo que más llama la atención es su discreta y refinada atemporalidad, tanto en las habitaciones más sencillas como en las denominadas Premium, que ocupan las esquinas del segundo piso del inmueble. Algunas de ellas son atractivos duplex. Las más curiosas sin embargo son las del quinto piso con techos abuhardillados que transmiten una atmósfera especialmente cálida.

El hotel sólo cuenta con un gimnasio dentro del edificio pero los huéspedes pueden acceder al excelente centro de wellness y spa Metropolitan , en la misma Plaza del Angel. Por otra parte se pone a su disposición una carta de mimos que incluye diversos tipos de almohadas, velas, sales de baños, música y una pequeña biblioteca.

 

| NH Palacio de Tepa. Calle de San Sebastián, 2, c/v Calle de Atocha, 37. Tfno: 91 389 64 90. www.nh-hoteles.es. A partir de 129 euros.

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