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Lluvia

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80% y 1.83mm

35% y 0.39mm

72% y 1.77mm

84% y 2.61mm

100% y 11.25mm

100% y 5.3mm

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356°, 7.4km/h

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MERCADILLOS NAVIDEÑOS

Berna: Bailando en compañía
de osos

Declarado Patrimonio de la Humanidad por su perfecto estado de conservación, el casco medieval de Berna es el telón de fondo perfecto para recrear un ambiente navideño y es que en estas fechas se convierte en un inmenso Nacimiento a tamaño natural.

Javier Mazorra

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Actualizado jueves 02/12/2010 18:14 horas

Un par de mercadillos tradicionales han bastado para que Berna se convierta en un mundo a medio camino entre la fantasía y la realidad. El rincón más espectacular es la plaza de la Catedral o Münsterplatz, donde hasta Nochebuena docenas de casetas transformadas en insólitas cajas de sorpresas nos ofrecen todo tipo de productos de artesanía, tanto tradicional como contemporánea. Si se busca un regalo original éste es el lugar donde encontrarlo.

El mercadillo más popular y multitudinario es, sin embargo, el que se monta en Waisenhausplatz (la plaza del orfanato) que permanecerá abierto hasta el día 29 de diciembre y donde el énfasis está puesto en alimentar los sentidos, especialmente el del paladar. Todo gira alrededor del restaurante Märitbeizli, donde se pueden probar las delicias gastronómicas del centro de Suiza y muy especialmente las que están relacionadas con la Navidad, siempre acompañadas de vino caliente o quien lo prefiera, de sidra preparada con especias y canela. Y de postre, no hay que perderse probar al menos una galleta de jengibre.

Entre las dos plazas, el corazón de esa Berna antigua, con sus características fuentes monumentales aun policromadas y multitud de fachadas cubiertas de pinturas, se ha llenado de luces, transformándose en un paisaje de cuento de hadas.

Baile en la ciudad

Para la Nochevieja este año... Place à la Danse, una invitación a bailar tanto a los habitantes de Berna como a los muchos forasteros que suelen venir a la capital a despedir el año. El centro de operaciones será el carismático Kursaal, pero seguro que la pista de baile se prolongará por el centro urbano, llegando a lo mejor hasta la misma nueva Casa de los Osos que se inauguró hace algo más de un año.

En su escudo de armas, en su bandera, a orillas del río, Berna siempre ha tenido una relación especial con los osos

Dicen que la capital de Suiza le debe su nombre (tiene su origen en la palabra alemana Bär) a que su fundador Berchtold V von Zähringen mató a uno gigantesco en lo alto de la península donde se encuentra ahora su casco viejo. Desde entonces siempre ha tenido una especial relación con estos animales, en su escudo de armas, en su bandera pero también manteniendo algunos ejemplares en un curioso foso a orillas del río Aare, a modo de ángeles guardianes pero también como principal atractivo turístico.

Aunque hace ya tiempo que Berna también ha apostado por la modernidad y a pocos metros de ese precioso casco antiguo anclado en la Edad Media y en el Renacimiento se pueden encontrar algunas de las señas de identidad más emblemáticas de la Suiza del siglo XXI, rindiendo homenaje de alguna forma a Albert Einstein, que desarrolló su revolucionaria teoría de la relatividad en este rincón de Suiza y que ya tiene su propio museo monográfico en el interior del Museo dedicado a la Historia.

El Berna de Piano y Liebeskind

Por otra parte, los amantes de la arquitectura contemporánea tienen dos citas imprescindibles. Por una parte conocer en los alrededores del cementerio donde está enterrado Paul Klee, el Museo que le ha dedicado la ciudad, diseñado por el italiano Renzo Piano. Sin duda es una de sus obras maestras y sólo por descubrir este espacio ondulante y secreto entre viñas, ya valdría la pena acercarse a Berna.

La segunda cita la tienen en Westside, también en los alrededores, donde el siempre innovador Daniel Liebeskind ha revolucionado el concepto de centro comercial creando un complejo extraordinario donde no se han escatimado gastos, utilizando los materiales más innovadores y punteros del mercado. Además de tiendas, bares, restaurantes y cines, este original proyecto de Liebeskind incluye un centro termal de una imaginación desbordante donde se pueden escuchar conciertos bajo el agua, disfrutar de un atardecer con los Alpes como telón de fondo o darse los masajes más sofisticados. Todo ello inmerso en el universo de líneas y planos quebrados que caracterizan la arquitectura del autor de obras como el Museo Judío de Berlín o el Museo de la Guerra de Manchester.

Y quien quiera aprovechar para subir a las montañas, practicar deportes de invierno o simplemente disfrutar de los paisajes más espectaculares de Suiza, sólo tiene que subirse a un tren, a un funicular o a un autobús y en menos de una hora, se encontrará en un paraíso vestido de blanco.

 
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