Es difícil encontrar un lugar más romántico donde disfrutar del ambiente prenavideño que la Riviera de Montreux. Por eso no es casualidad que personajes tan distintos como Freddy Mercury, Charlie Chaplin, Igor Stravinsky, Jean Jacques Rousseau o Lord Byron se enamoraran de este rincón de Suiza.
La Riviera de Montreux tiene algo muy especial y es que de alguna forma aglutina todos los paisajes del país en una sola estampa. Desde las orillas prácticamente subtropicales del lago Lemán, cuajadas de palmeras y otras plantas exóticas rodeando majestuosos hoteles de lujo, a las cumbres nevadas de los Alpes, salpicadas de docenas de cabañas de madera, entre pistas de esquí, pasando por los vertiginosos bancales plantados con viñedos de Lavaux, declarados Patrimonio de la Humanidad, sin olvidarse de pueblos cargados de historia pintados en tonalidades pastel, como Vevey, donde Nestlé crea sus mejores chocolates. La Riviera de Montreux parece la imagen de un sueño. Y qué mejor lugar para crear un cuento de Navidad.
A diferencia de otros lugares donde el ambiente navideño se concentra en lugares muy concretos del espacio urbano, en este rincón del cantón de Vaud, todo el paisaje se viste de fiesta. A lo largo de las orillas y embarcaderos se instala un inmenso mercadillo lleno de luz y color, utilizando docenas de cabañas cargadas de tesoros y regalos en el más puro estilo centroeuropeo pero sólo hay que alejarse unos metros, para descubrir otro mundo, llegado de la legendaria Rusia de los zares.
En este rincón de Vaud, todo el paisaje se viste de fiesta por Navidad, desde las orillas del lago a los centros urbanos
En la Plaza del Mercado se ha reproducido un ambiente típicamente eslavo donde se pueden probar las especialidades de aquellas latitudes, escuchar su música, disfrutar de sus danzas y costumbres folclóricas pero también comprar su artesanía. Complementa esta inmersión en esa Rusia eterna, una gran exposición sobre los comienzos de la fotografía en aquel inmenso país.
Por otra parte, ese castillo de Chillon suspendido entre el agua y la tierra donde Lord Byron encontró su inspiración para escribir una de sus obras más desgarradoras y románticas se convierte cada fin de semana de diciembre en la sede de un Festival dedicado a los cuentos y en el escenario de un pintoresco mercado medieval donde todo el mundo se viste de época y nada desentona.
En las laderas de las colinas que rodean la ciudad y dominando el lago y las montañas, se ha encontrado en el pueblecito de Caux el lugar perfecto donde reproducir un escenario en la más pura tradición navideña. No le falta detalle. Allí está la oficina de correos de Papa Noel, un parque de renos, un nacimiento gigante y otras muchas sorpresas que dejan boquiabiertos tanto a niños como a mayores, frente a un grandioso escenario natural. Pero todavía hay más ya que a 2045 metros de altura, en Rochers-de-Naye, un lugar al que se llega en un precioso tren cremallera, se ha recreado en una cueva la casa de Papa Noel, un lugar verdaderamente mágico que completa este insólito cuento de Navidad.
Con su oficina de correos de Papa Noel, Caux el lugar perfecto donde reproducir la más pura tradición navideña
Y tan pronto como llega el nuevo año y se sube de nuevo el telón, esta Riviera de Montreux volverá a reinventarse, imaginando nuevas formas de seducir a los visitantes a través de festivales de música como su sexagenario Festival de Jazz pero también del mucho más joven Sundance, que ya se ha consolidado como una de las citas imprescindibles para los amantes de la música electrónica o ese Septiembre dedicado a la música clásica que nos recuerda que Hindemith, Saint-Saëns o Stravinsky encontraron la inspiración en este idílico entorno.
Son tantos los famosos que han pasado por aquí que se ha creado un paseo sonoro para recrear sus experiencias y fantasías. El último fue Freddy Mercury cuyas cenizas fueron esparcidas por el lago y a quien se le ha dedicado un monumento financiado en gran parte por Montserrat Caballé.
Antes de él pasaron Jean Jacques Rousseau que conoció en Vevey a Louise Warrens, el alterego de su famosa Julia, la nueva Heloise, uno de los personajes literarios más carismáticos del S.XVIII; Elisabeth Vigée-Lebrun, la mayor retratista de ese mismo siglo entre cuyos modelos destacó la reina Maria Antonieta; el novelista americano Henry James que escribió su famosa Dasy Millar en el Hotel Trois Couronnes de Vevey. Un establecimiento que también acogería a lo largo de los años a Camille Saint-Saëns, Thomas Mann, Hans Christian Andersen, Sacha Guitry o Gary Cooper.
Las cenizas de Freddy Mercury, ex cantante de Queen, fueron esparcidas por el lago y le han dedicado un monumento
Henryk Sienkiewicz -Premio Nobel de Literatura y autor de Quo Vadis- que fue sepultado a su muerte en Notre Dame, la iglesia católica de Vevey prefería en cambio el Hotel du Lac, mientras que Dostoievsky se alojó en una casa privada para escribir El Idiota.
Más tarde pasarían por aquí Johanna Spayri y Nabokov, autores de Heidi y de Lolita respectivamente. La casa de Charly Chaplin se convertirá muy pronto en un museo. Y hasta Asterix se sintió seducido por este pequeño paraíso en sus aventuras con los Helvecios. Pero para dejarse seducir por este lugar extraordinario ahora no hay que ser ni rico, ni famoso. Los vuelos a Ginebra no pueden ser más baratos y desde su aeropuerto al mismo Montreux apenas se tarda una hora en tren.
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