W para el futuro
Desde hace dos años, Nueva York trata desesperadamente de llevar un poco de glamour al distrito financiero, ese laberinto de calles alrededor de Wall Street que hasta hace poco era una zona muerta pasadas las nueve de la noche. Incluso le han dado uno de esos sonoros nombres que tanto se estilan en la ciudad y ahora se conoce como el FiDi -en vez de Financial District-.
Una de las grandes esperanzas para la revitalización del área se abre en agosto. Es un nuevo hotel de la cadena W, la familia de establecimientos urbanos y de diseño de Starwood Hotels. Esta misma semana ha comenzado a funcionar uno de los restaurantes de la planta baja y el próximo día 16 se abrirá el lobby y parte de las 217 habitaciones y 223 residencias privadas del nuevo edificio.
El precio por noche en este templo del diseño comienza en los 399 dólares que es habitual ver en otros establecimientos de la misma cadena en la ciudad, aunque lo normal es que en temporada alta, que en Nueva York es todo el año, la factura roce los 500 dólares por habitación y noche.
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La gran diferencia de este W, aparte de estar a un tiro de piedra de Wall Street, la estatua de la libertad y los muelles del Hudson, es que por ahora las mejores habitaciones no pueden presumir de vistas. El edificio es una inversión de futuro en la que muchas de las ventanas dan a la zona cero, ahora en construcción y a la antigua sede del Deutsche Bank, que va a ser demolida en los próximos meses. Otras disfrutarán de una de las mejores panorámicas de la ciudad, la del río y la estatua de la libertad al fondo.
El estilo futurista, casi espacial, planeado para las habitaciones ser repite en el bar del hotel, cuya obra central es una cortina de luces LED ondulante con formas y estilos que recuerdan bastante al proyecto de Calatrava para la zona cero. Un buen reclamo para atraer al turismo de negocios a la ciudad o a los habituales de la zona, siempre en busca del sitio más cool para la copa de después del trabajo.
Como compensación y durante los meses de inauguración quedarse en el nuevo W tiene premio. Dos cócteles de bienvenida en un bar llamado a convertirse en uno de los locales de moda de la zona y transporte gratuito al aeropuerto. En Nueva York, sinceramente, es un lujo nada despreciable.