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Bienestar sigiloso en el 'Triángulo
del arte' de Madrid

Sandra Tarruella e Isabel López, más conocidas por el premiado hotel Eme de Sevilla o por sus trabajos en Barcelona para el Grupo Tragaluz, incluido el hotel Omm, han creado para Radisson Blu su primer establecimiento en Madrid y el primero de la cadena en España.

Javier Mazorra

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Actualizado lunes 26/07/2010 11:54 horas
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Desde fuera, es difícil imaginar que este sobrio y discreto edificio de principios del S.XX frente a la castiza plaza de Platerías Martínez y en pleno Triángulo del Arte, pueda albergar uno de los hoteles más exquisitos y sofisticados de la capital. El halo de misterio se mantiene incluso cuando se traspasa la entrada de carruajes y se penetra en el hall de entrada, apenas iluminado con luces indirectas. Nada se ha alterado ni de la escalera original ni del hueco del ascensor que ahora esconde el portamaletas. La recepción apenas es perceptible en una esquina.

A primera vista, el diseño no juega un papel protagonista y el énfasis parece estar centrado en crear un ambiente neutro, cálido y confortable pero al mismo tiempo silencioso y secreto. Pero sólo hay que mirar hacia el fondo y descubrir el antiguo patio de luces convertido en un diamante en bruto para entender que esa simplicidad omnipotente está meticulosamente buscada por Sandra Tarruella e Isabel López. El único guiño flagrante como diseñadoras en ese espacio público tan masculino y equilibrado es esta cascada de luz que convierte al Cask Whisky bar -para la degustación de las maltas más exclusivas- en un tarro de perfume envuelto en espejos de suelo a techo. En el centro, la barra toma forma de un estuche de cristal, acero y luz.

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El hotel es un cuatro estrellas pero tanto el servicio (casi 40 profesionales para 54 habitaciones) como el cuidado del detalle corresponden a una clase superior. Además del Cask Whisky Bar, hay un Cask Lounge & Bar con vistas a la plaza y a ese ambiente de copas de la calle Huertas que rodea el edificio. El buffet del desayuno es impecable, ofreciéndose además una carta de platos calientes en un ambiente íntimo que se agradece a primera hora de la mañana. Y dentro de esa filosofía que ofrece la cadena Radisson Yes, I can (sí, puedo complacerle... en sus necesidades), quien tenga que salir corriendo antes de las siete de la mañana puede aprovecharse de la alternativa Grab & Run. Literalmente agárralo y corre, lo que significa que el cliente puede tomarse un café y llevarse lo que necesite, sin tener que consumirlo en el hotel.

Por otra parte, la planta baja está dedicada al relax y al bienestar. Además de una pequeña zona de fitness, llama la atención una deliciosa piscina con hidromasaje, efecto de lluvia y cromoterapia, rodeada de tumbonas donde unas curiosas nubes diseñadas por Isabel López se pueden transformar en insólitos biombos. En las cuatro plantas superiores sigue dominando esa atemporalidad discreta tan característica. Sólo grandes imágenes de ese Madrid que rodea el edificio contextualizan cada uno de los pisos, prolongando ese vínculo con la ciudad en las mismas habitaciones.

Exceptuando las suites, todas tienen como denominador común un gran mural fotográfico, con edificios emblemáticos del barrio que sirve de cabecero, pero que al mismo tiempo se prolonga en dos paredes, escondiendo el armario y el mueble-bar, donde nunca falta una Nexpresso. Sirven de perfecto envoltorio para una estancia en color beige donde el énfasis está en crear un bienestar sigiloso más que un exceso de lujo. Cada elemento del mobiliario (la butaca con reposapiés, la silla mullida tapizada, la mesa redonda) dan fe de un estilo propio pero al mismo tiempo invisible, al cuidarse al máximo su confort y funcionalidad.

En el cuarto de baño no se ha optado por la ducha o el baño: se han incluido las dos posibilidades. En las seis suites la vista al Paseo del Prado se ha combinado con un estilo que rinde homenaje a Arne Jacobsen, una de las figuras de referencia para López y Tarruellas pero también creador en 1960 del primer hotel SAS de Copenhague, hoy convertido en el Radisson SAS Royal Hotel. Salvo la utilización de tapicerías de la marca danesa Kvadrat no hay nada que lo relacione con él, pero el conjunto transmite esa sutil y elegante simplicidad de formas tan afín a este genial diseñador.

| Radisson Blu Hotel. Calle Moratín, 52, Madrid. Tfno: 0034 91 524 2626. www.radissonblu.com. A partir de 90 euros.

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