El barrio de las instituciones europeas se ha plagado de arquitectura de primera línea y del mejor diseño contemporáneo. Por ello se ha convertido en un escaparate de la nueva imagen del Gran Ducado.
Ya nadie podría incluir a Luxemburgo entre los lugares más aburridos de Europa. Sobre todo con el buen tiempo, cuando el número de terrazas con marcha por habitante puede superar el de cualquier ciudad española. Los festivales se multiplican. Prácticamente cada noche hay algún concierto multitudinario y gratuito. No hay plaza o espacio público que no cuente con su propio escenario y hasta a quien le pida el cuerpo playa, también la puede encontrar... eso sí, en mitad del bosque de Bridel. Y tampoco se echa de menos la Cultura con mayúsculas.
La capital de este pequeño estado entre Bégica, Francia y Alemania aún no es un verdadero destino turístico
Pero por el momento, esa nueva Luxemburgo sólo la conocen y disfrutan los luxemburgueses. A pesar de que gran parte de su centro histórico es Patrimonio de la Humanidad gracias a las sofisticadas fortificaciones que sus sucesivos conquistadores construyeron para defenderla -y también gracias a que ha sido Capital Cultural de Europa en dos ocasiones-, la capital de este pequeño estado entre Bégica, Francia y Alemania todavía no se ha convertido en un verdadero destino turístico. Lo que no significa que no atraiga a un gran número de visitantes relacionados con el mundo de la banca y la Comunidad Europea, los primeros quizás en descubrir sus encantos.
Lo tienen fácil, ya que muchos de los grandes proyectos relacionados con esa nueva apuesta de la ciudad por el ocio, la modernidad y el futuro se están desarrollando en Kirchberg, lo que hasta hace muy poco sólo se conocía como el barrio de los bancos y de las instituciones europeas. Poco a poco, a lo largo de los cerca de cuatro kilómetros de la Avenida J.F. Kennedy han ido apareciendo obras monumentales tanto desde un punto de vista arquitectónico como escultórico.
Lo primero fue colocar a finales de los años 90, en el extremo norte de la zona, una obra emblemática de Richard Serra: siete descomunales piezas de acero de más de veinte metros de altura, en forma de faro. No tardaron en surgir edificios carismáticos firmados por arquitectos incuestionables como el americano Richard Meier (responsable del MACBA) que se ha responsabilizado del diseño del HypoVereinsbank Luxembourg y quien a su vez atrajo a otros escultores como Frank Stella que aportó su Sarreguemines. Desde la terraza del quinto piso del número 29 de la avenida hay una mesa de orientación desde donde se domina gran parte del barrio. Desde allí mismo también salen las excursiones que organiza la Oficina de Turismo por Kirchberg. A quinientos metros a la redonda hay otras esculturas interesantes de Jean Dubuffet, Ulrico Rückriem, Fernand Leger, Marta Pan, Magdalena Jetelová entre otros muchos.
No tardaron en surgir edificios carismáticos firmados por arquitectos incuestionables como Richard Meier
No es ninguna casualidad que el grupo hotelero Accor haya lanzado su nueva marca Suite Novotel con un diseño exclusivo de Patrick Norguet en este barrio. Cada mueble, cada detalle de la decoración, ya sea la nueva moqueta de un material a toda prueba o el plato de la ducha, la televisión o el teclado de internet tienen un toque futurístico que va a dejar huella en la hostelería del siglo XXI. A dos pasos de allí Meliá cuenta con otro hotel modélico que también apuesta por el diseño contemporáneo. Tanto uno como otro se encuentran en el extremo sur de Kirchberg, alrededor de la Puerta de Europa diseñada por Ricardo Bofill, quien así mismo ha firmado el diseño de las dos grandes torres de cristal que marcan la entrada al barrio.
En un radio de doscientos metros se acumulan obras tan importantes como el MUDAM, el Museo de Arte Moderno diseñado por Ioh Ming Pei (las Torres Gemelas de Nueva Cork o la Pirámide del Louvre) que se ha superado a sí mismo, adaptando su proyecto a la fortaleza del siglo XVII donde se encuentra inmerso. Aunque si se estudia con detenimiento se descubren sus peculiares señas de identidad. Y en su interior se esconden sorpresas como un restaurante diseñado por los hermanos Bouroullec (responsables del interiorismo de varias tiendas Camper y de su restaurante Dos Palillos en Berlin).
Haciéndole la competencia a las torres de Bofia han surgido las mucho más espectaculares que Dominique Perrault ha creado para la ampliación del Tribunal de Justicia Europeo, que recuerdan -aunque de mucho mayor tamaño- a las del Hotel Me de Barcelona. El siempre imaginativo Jean Michel Wilmotte, que ya había realizado en la zona la sede del Banco de Luxemburgo, casi acaba de inaugurar la reforma del Museo de la Fortaleza desde donde se domina el conjunto del Luxemburgo histórico.
Aunque si hubiera que escoger un símbolo para el barrio, ése quizás debería de ser la sede de la Filarmónica, del Premio Pritzker de 1994 Chritian de Portzamparc, con sus cientos de columnas inmaculadamente blancas, protegiendo un espacio en forma de óvalo que parece recién aterrizado de un viaje espacial. Lo más apropiado sería comprar una entrada para descubrir su insólito espacio interior escuchando un concierto, pero también es posible disfrutar del ambiente que le rodea sentado en su popular terraza o en la del Hotel Melía, justo en frente o tendido en una de las cómodas tumbonas de la del MUDAM.
© 2012 Unidad Editorial Internet, S.L. | Aviso legal | Política de privacidad