Con sólo una carretera de salida hacia el norte y otra hacia el sur, la mejor forma de moverse desde Dubrovnik es en barco. Desde la cubierta descubrirá afilados acantilados, románticas calas, playas secretas y espectaculares villas vigías de esta costa dálmata repleta de tesoros.
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Si en invierno los servicios marítimos son muy limitados, en verano se multiplican y nunca hay que esperar más de una hora para ir a cualquier sitio, lo que permite pasar el día en cualquiera de las docenas de islas de su entorno o algún punto interesante de la costa cercana, para luego volver al atardecer. Y así aprovechar la vida nocturna, los restaurantes y, durante gran parte de los meses de julio y agosto, el Festival de verano más interesante de todo el Adriático. Te recomendamos ocho escapadas sin salir de la provincia de Dubrovnik y utilizando preferiblemente un barco.
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A un cuarto de hora del mismo puerto de la ciudad antigua y con una frecuencia prácticamente continua, se encuentra el primer tesoro de esta costa. Quien conozca la pintura del artista alemán del S.XIX Arnold Boecklin se verá teletransportado en el tiempo. En este bosque encantado vivió unos años Maxilimiano el último emperador de México, ése que vemos fusilar en uno de los cuadros más famosos de Manet. Aquí solía visitarlo su prima la emperatriz Sissi. Como filántropo de su tiempo transformó esta pequeña isla en un paisaje romántico, acondicionando un antiguo monasterio benedictino en su palacio, pero manteniendo su ambiente de 'gloriosa ruina'. Hay restos de fortificaciones, jardines, fuentes llenas de musgo, incluso un mar muerto en miniatura donde flotar y relajarse, además de docenas de calas transparentes y todo ello rodeado de un frondoso bosque de pinos, altísimos cipreses y todo tipo de arbustos mediterráneos donde sólo viven de forma permanente un par de bomberos y docenas de pavos reales. Hay que evitar los fines de semana cuando se llena de forma excesiva, pero el resto del tiempo es siempre posible encontrar un rincón solitario donde creerse un personaje salido de un cuadro prerrafaelista. Aunque hay dos restaurantes, lo más recomendable es llevar su propio avituallamiento. No hay que reservar plaza en el barco de vuelta, sólo fijarse cuando sale el último del día ya que está prohibido hacer noche en la isla.
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A algo más de una hora en barco también desde el mismo puerto de Stari Grad, la ciudad antigua de Dubrovnik, se encuentra la capital de la comarca de Konavle, en el extremo sur de la costa croata, lindando ya con Montenegro. Aquí los griegos fundaron la primera Epidauro de esta costa antes de trasladarse y fundar Ragusa, que más tarde se convertiría en Dubrovnik. Desde entonces siempre permaneció bajo la sombra de su sucesora, convirtiéndose en lugar de retiro y descanso de muchos de sus habitantes, incluido el Rector. Todavía se conservan docenas de palacios renacentistas que nos recuerdan los que podemos ver en la capital de la provincia, así como iglesias cuajadas de tesoros. A finales del S.XIX se convirtió en uno de los lugares favoritos para pasar sus vacaciones de la alta burguesía austrohúngara y todavía se pueden ver muchas villas de aquella época en los frondosos bosques de los alrededores. El edificio más interesante de la zona, sin embargo, es el mausoleo que el escultor Méstrovic, el más famoso e internacional del país, diseñó en 1921 para los Racic, una acaudalada familia de armadores. Se encuentra en la misma punta de la península de Rat, en uno de los lugares más hermosos de esta costa. El trayecto hasta Cavtat permite una visión privilegiada de los últimos kilómetros de la costa croata con sus altísimos acantilados flanqueados por enormes montañones de granito.
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En plena Riviera norte de Dubrovnik, a media hora en barco o en autobús, se encuentra un extraño puerto que parece suspendido en una burbuja del tiempo. Fue construido por los Gucetic-Gozze, una rica familia de comerciantes de Ragusa en 1494 para acceder a su villa de verano que muy pronto sería conocida por la belleza de sus jardines. Durante siglos se fueron plantando muchas de las especies exóticas que llegaban a esta república desde los lugares más lejanos. Al mismo tiempo sus propietarios fueron decorando este jardín del Eden con esculturas y fuentes ornamentales que transformarían este rincón de la costa en una de sus joyas más preciadas. A principios del S.XX y después de pasar por todo tipo de avatares y momentos dramáticos, incluido un fuerte terremoto, se convertiría en un Arboretum y Jardín Botánico que ahora ya pertenece a la Academia de Ciencias de Croacia. Además de pasear por sus jardines formales y el inmenso parque, vale la pena acercarse al pueblecito que se ha construido en la parte alta donde se conservan dos de los plátanos más gigantescos y ancianos de Europa, además de un par de iglesias interesantes.
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Se podrían pasar días en esta isla donde se tiene la sensación de estar muy lejos del mundanal ruido, pero también es posible pasar sólo unas horas para conocer las razones por las que ha sido declarado uno de los Parques Nacionales de Croacia. En temporada alta hay barcos directos desde el mismo puerto de Dubrovnik en Gruz pero también desde otros puntos de la costa. Por un lado cuenta con dos insólitos lagos de agua salada conectados con el mar a través de un sistema de cuevas de origen karstico que ya por sí solos merecerían el viaje. Pero hay mucho más. Los bosques de pinos de Aleppo son espectaculares y si cualquier isla del entorno destaca por su verdor está lo es aun más, conociéndose como la Isla Verde. Pero tampoco faltan monumentos como palacios y villas romanas, incluida la de mayor tamaño después de la de Diocleciano en Split (Spalato); monasterios como esa aparición casi mágica en la minúscula isla de Santa María, donde una antigua abadía del S.XII se ha convertido en un hotel con encanto. Para los que les guste bucear que se lleven el equipo ya que se van a encontrar con uno de los fondos favoritos de Jacques Cousteau y los demás que no se olviden del bañador.
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Aunque por todos los alrededores de Dubrovnik se producen excelentes vinos: sobre todo en Korcula y Konavle , los que se consideran los mejores vinos de todo Croacia tienen su origen en esta península que parece una isla, camino de Split y a la que también se puede llegar en barco. Aquí tiene su refugio el Plavac mali, el rey de los vinos tinto del Adriático. Muchas de las bodegas que lo trabajan están abiertas al público y organizan visitas. Se pueden destacar la de Matusko, Dubrovacki podrumi, Grgic, Antón Poljanic y Dingac donde no hay que perderse atravesar un misterioso túnel que conduce hasta los viñedos de los acantilados frente al mar. Por otra parte Peljesac es también conocida por sus osras y mejillones que se producen más cerca de la Riviera de Dubrovnik y se pueden probar en cualquiera de los restaurantes de esa zona donde acaban de acondicionar como atracción turística el acceso a las ciclópeas murallas medievales de piedra de Ston. Con más de cinco kilómetros de longitud siguiendo los perfiles de una escarpada montaña es uno de los sistemas defensivos más complejos y sofisticados de Europa. Desde el punto más alto se puede ver el conjunto de inmensas y valiosas salinas que protegían. Durante varios siglos fue uno de los mayores tesoros de esta costa. Los barcos suelen llegar al puerto de Orebic donde los grandes armadores de sur de Dalmacia solían construirse preciosas villas con vistas al mar.
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Este archipiélago entre Dubrovnik y la península de Peljesac ofrece ese paisaje idílico casi irreal, visto mil veces en cualquier folleto sobre la costa de Croacia. Una docena de islas a cual más perfecta, absolutamente verde si no fuera el filo blanco de piedra caliza que la separa de un mar arrebatadoramente cristalino. Aunque todas son accesibles de alguna u otra forma, las únicas que tiene servicio regular de ferry son Sipan, Lopud y Kolocep. Su nombre Elafite, nos habla de la presencia de unos ciervos que ya han desaparecido aunque ese lado salvaje y bucólico todavía sigue presente. Y todo ello a poco más de media hora del puerto de Gruz en Dubrovnik. La más popular y cargada de monumentos es Lopud que también cuenta con la mejor playa. No hay que perderse allí el monasterio de franciscano que todavía conserva sus torres fortificadas, un precioso claustro y una interesante colección de pinturas venecianas en el interior de su iglesia dedicada a Santa María de la Cueva. Sipan por otro lado es famosa por las villas que se construyeron allí los nobles y ricos comerciantes de Ragusa sobre todo en el entorno de Sudurad su principal puerto. Por último Kolocep, la más cercana a Dubrovnik, es sin embargo la menos desarrollada de las tres y un buen sitio para perderse, sabiendo que en cualquier momento se puede volver a la civilización.
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Aunque con un ferry tradicional resultaría demasiado lejos para ir y volver en el mismo día hasta la isla más poblada de la costa dálmata, durante el verano se ponen en servicio unos rápidos catamaranes que lo hacen posible. Su principal atractivo es su capital que también se llama Korcula y se mantiene en un estado milagroso de conservación y nos lleva directamente hasta la que fuera en la antigüedad la República de Venecia en su momento de máximo esplendor. A diferencia de gran parte del territorio actual de la provincia de Dubrovnik, que en el pasado formaba parte de la República de Ragusa, esta isla siempre perteneció a la Serenísima como lo indican los numerosos Leones de San Marco que decoran murallas, edificios y columnas conmemorativas. La ciudad es minúscula pero está repleta de tesoros en sus iglesias (la Catedral dedicada a San Marcos es espectacular), sedes de cofradías (la más interesante es la de Todos los Santos que incluye una colección de iconos bizantinos )y numerosos palacios en estilo gótico. Uno de ellos está relacionado con la familia Polo que naturalmente se relaciona con el célebre viajero aunque sólo se sabe que participó en una batalla frente a la ciudad donde fue apresado por los genoveses que le ofrecieron la oportunidad de escribir sus famosas memorias. Para darse un chapuzón lo mejor es cruzar a Orebic en Peljesa donde están las mejores playas.
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A la desembocadura del río Neretva no hay servicio de ferris desde Dubrovnik pero para explorar su insólita zona de marismas de agua dulce hay que coger un barco desde el pueblo de Vid donde se encontraba la antigua Narona romana. Hace unos años se encontraron por casualidad los restos de su templo dedicado al Emperador Augusto incluidas muchas de las estatuas originales. Ahora se puede visitar su reconstrucción dentro del museo que se ha erigido in situ. A dos pasos se encuentran las barcas tradicionales que se utilizaban para moverse por la zona que ahora se dedican mayormente para los turistas. La particularidad de estas marismas es que están alimentadas de numerosas fuentes de agua mineral muy fría que impide que haya mosquitos en ningún momento del año y favorece la presencia de numerosas aves que se han instalado en sus riberas. Durante el recorrido en barco se suelen servir platos tradicionales como ranas rebozadas, anguila, queso fresco y otras curiosidades gastronómicas. Este viaje se puede combinar con una visita a Mostar en Bosnia que se encuentra a unos cuarenta kilómetros de allí.
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