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Blog Blog 5ª Avenida, por Ángel Jiménez de Luis

Las mejores vistas de Manhattan

Desde la Torre del Reloj en el barrio de DUMBO se divisan los dos puentes que unen Manhattan con Brooklyn. Se pueden ver cada mañana desde un apartamento que cuesta nada menos que 25 millones de dólares.

Ángel Jiménez de Luis

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Actualizado jueves 04/03/2010 17:46 horas

Hay vistas que valen un millón de dólares. Ésta vale 25. Es la terraza del apartamento más caro de Brooklyn y desde él se ve Nueva York como desde ningún otro rincón de la ciudad. No faltan áticos en la isla de Manhattan con vistas que dejan sin aliento pero todos forman parte del propio skyline de la ciudad. Quienes observan tienen que aceptar, a regañadientes, ver sólo una parte de la jungla de acero, ladrillo y cristal.

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Para observar el conjunto completo, la mejor cara de la Gran Manzana, hay que cruzar los puentes e irse al barrio de DUMBO –la zona de Brooklyn situado bajo el puente de Manhattan, de ahí su peculiar nombre, Down Under the Manhattan Bridge Overpass–, una área que el promotor urbanístico David Walentas ha transformado en los últimos 20 años en uno de los barrios residenciales más demandados de Brooklyn. A sólo una paradas de Wall Sreet, esta antigua zona de almacenes y fábricas se ha llenado de lofts, apartamentos, galerías de arte y restaurantes que aprovechan el reclamo de las vistas para atraer al dinero de la banca y las finanzas o a las personalidades de la ciudad.

Es el público ideal para un apartamento como éste. Un triplex situado en lo alto del conocida como Torre del Reloj y en el que la luz entra en el primer piso a través de las esferas de 4,2 metros de diámetro que miran a los cuatro puntos cardinales. Walentas compró el edificio, abandonado, a principio de los ochenta y lo transformó en un complejo residencial del que sólo queda por vender esta última unidad.

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Un ascensor privado conecta las tres plantas de este espacio de 613 metros cuadrados por el que ya se han interesado el cantante Jay-Z o el diseñador Ralph Lauren. Lo tomo hasta el tercer piso, una galería que puede servir como biblioteca pero que ahora permanece vacía. El último tramo hacia el solarium y terraza de 37 metros cuadrados hay que hacerlo a pie.

La escalada merece la pena. A pesar de que he visto las fotos con antelación al llegar es fácil quedarse parado unos segundos. Nueva Jersey, la Estatua de la Libertad, el downtown de la ciudad, los puentes, todo tan cerca que casi parece que se pueda extender la mano y tocarlos. A lo lejos el Empire State muestra los colores olímpicos, los barcos remontan el East River hasta Roosevelt Island y la vista se pierde en el barrio del Bronx.

Desde esta privilegiada atalaya se siente uno el dueño y señor de la ciudad, el conquistador de la ciudad más poderosa del mundo. Qué lástima tener que bajar de nuevo a la calle, andar bajo la lluvia las cuatro manzanas hasta el metro y, empapado, volver hacia un minúsculo estudio en un tercer piso sin ascensor. Qué lástima, aunque uno vuelva aún más enamorado, si es posible, de esta fantástica ciudad.

Sobre el blog

La vida, como cualquier viaje, se puede hacer en primera clase. Descubra los lugares, objetos y placeres reservados a quienes no tienen límite en la tarjeta de crédito.

Sobre el autor

Ángel Jiménez de Luis, periodista, vive con el temor constante de acostumbrarse a una vida que no puede permitirse pero que disfruta en pequeñas dosis. Escribe también El Gadgetoblog.

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