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Blog Blog 5ª Avenida, por Ángel Jiménez de Luis

Una segunda oportunidad
para Nobu

En el año 2003, durante un viaje a Milán para asistir al lanzamiento de varios teléfonos móviles, me dieron la oportunidad de cenar en Nobu, uno de esos restaurantes que a lo largo de los años ha conseguido convertirse en un referente (casi el inspirador) de la cocina de fusión.

Ángel Jiménez de Luis

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Actualizado jueves 18/02/2010 19:39 horas

Fundado por el chef Nobuyuki Nobu Matsuhisa, esta cadena de restaurantes debutó en 1987 en Los Angeles y pronto se convirtió en uno de esos lugares frecuentado por la glamurocracia de Hollywood gracias a la excelente combinación de cocina peruana y japonesa. Robert De Niro fue un día a cenar y no se marchó hasta que convenció a Matsuhisa para montar una sucursal en el TriBeCa neoyorkino, el barrio que pretendía transformar a base de inyectar millones.

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En la década de los 90, Nobu se convirtió en un fenómeno mundial, expandiéndose a varias ciudades y siempre con un envidiable nivel de éxito. Si alguna vez ha comido en un plato cuadrado, triangular o con formas aún más esotéricas, se lo debe a este señor. Nobu no está libre de pecado, por cierto. En los últimos años ha recibido muchas críticas por servir atún rojo, una especie considerada ahora en riesgo de extinción por la ONU. En la carta señala que esta especie –que aún se vende en el mercado de pescado de Tokio- podría llegar a desaparecer, pero sigue en el menú, aunque a un precio variable en función de la disponibilidad. Algunos famosos, como Sting o Elle McPherson, han dejado de acudir al restaurante en señal de protesta.

«Hemos conseguido una mesa de última hora para esta noche», me dijeron en Milán, mucho antes de que esto del atún rojo fuera un tema tan serio. Por supuesto allí me planté. De la noche lo único que recuerdo es que la camarera me derramó espresso hirviendo en los pantalones justo después de los postres, un detalle que arruinó tanto la cena como la prenda. No hubo forma de sacar las manchas de café y el restaurante, situado en la última planta del centro comercial Armani, no tuvo la delicadeza de ofrecerme un repuesto de los que quedaban más a mano, la sección de caballero de Armani Collezioni.

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No he vuelto a pisar Nobu desde entonces, aunque mentiría si dijese que ha sido una decisión deliberada. Simplemente no he tenido la oportunidad o las ganas de apuntarme en una lista de espera que puede fácilmente superar el mes, y eso que en Nueva York hay dos restaurantes –uno en TriBeCa y otro en la calle 57, cerca del parque- y un tercer establecimiento, Nobu Next Door, algo más informal y al que a uno se puede asomar sin reserva.

Anteayer, sin embargo, Restaurant Week me dio la excusa perfecta para volver. Son dos semanas en el que los grandes restaurantes de la ciudad tienen menús de precio fijo, aunque con la crisis casi podríamos decir que 2009 ha sido un Restaurant Year. Cenar hay que darlo por imposible salvo que seas Madonna o el propio De Niro pero para comer uno puede todavía colarse (de hecho el restaurante estaba bastante vacío ayer, aunque los españoles jugamos con ventaja porque comemos a horas decentes).

Fantástica experiencia, tanto por la decoración del lugar como por la comida. Me quedo sin duda alguna con la sorpresa del día: no soy alérgico al tofu cuando se sirve imitando la tarta de queso. Muy buena idea para un postre. Por supuesto no pedí café.

Sobre el blog

La vida, como cualquier viaje, se puede hacer en primera clase. Descubra los lugares, objetos y placeres reservados a quienes no tienen límite en la tarjeta de crédito.

Sobre el autor

Ángel Jiménez de Luis, periodista, vive con el temor constante de acostumbrarse a una vida que no puede permitirse pero que disfruta en pequeñas dosis. Escribe también El Gadgetoblog.

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