¿Quién no ha soñado alguna vez con perderse en una isla? Cuanto más lejos, más idílica y más exótica, mejor. Las islas Vanuatu, al noreste de Australia y al oeste de Fiji, cumplen con todos los requisitos y alguno más. Port Vila es nuestro destino. Y éste, uno de esos viajes que no se olvidan.
El avión de Air Vanuatu aparcado en una de las terminales del aeropuerto de Sydney es una invitación continua a coger el primer vuelo que nos pueda llevar a uno de los países más atractivos del Pacífico Sur, la República de Vanuatu. Port Vila es nuestro destino. Uno de esos viajes que no se olvidan. Muchos recuerdan todavía el día en que el Condominio de las Nuevas Hébridas Anglo-Francesas se convertían en la Ripablik Blong Vanuatu. Este año celebran su 30 aniversario de la Independencia, aunque su alejamiento les han llevado casi al olvido.
Al noreste de Australia y al oeste de Fiji, se encuentra este archipiélago de 83 islas con playas interminables, aguas puras, bosques tropicales y una población tan enigmática como sorprendente. El kit completo para escapada al paraíso. Por supuesto, no faltan los problemas. Por ejemplo, el carácter tribal de su población. Algunos lo justifican por el hecho de que las islas se hayan asentadas sobre una falla sísmica, y aunque por lo general imperceptibles, los temblores de tierra son una constante. Los volcanes también aportan su granito de arena porque vivir rodeado de volcanes debe tener su chispa.
Los habitantes de Vanuatu, cuyos antepasados practicaban el canibalismo, en general son gente amable y pacífica. Además, son muy particulares con sus costumbres y los visitantes deben en todo momento ser respetuosos para evitar problemas. ¡Cuánto se puede aprender de ellos! Por ejemplo, consideran que no se puede entrar en sus poblados sin ser invitados porque para los indígenas entrar en un pueblo es como entrar sin llamar en una casa. Otra costumbre es que en los pueblos hay zonas para las mujeres y zonas para los hombres. Por supuesto, hay que respetar estas divisiones y no transgredir llevados por la curiosidad.
Las mujeres Vanuatu tienen tal respeto por sus hombres que hasta intentan no ser más altas que ellos. Como suelen ir descalzas, un problema menos. También esperan que los visitantes vayan correctamente ataviados. Aquí la comida es sagrada. Una vez ganada la confianza de los Vanuatu, comparten una ración de lap lap con el visitante, éste es el plato más típico de las islas y consiste en ralladura de mandioca o ñame cubiertas por un líquido lechoso a base de coco rallado diluido en agua. Luego se añaden trozos de cerdo, ternera o pollo que son envueltos en hojas gigantes de plátano para cocinar toda la pelota en hornos de tierra, con piedras incandescentes.
Las mujeres de las islas Vanuatu tienen tal respeto por sus hombres que hasta intentan no ser más altas que ellos.
También puede suceder que le inviten a probar el kava, bebida propia de las islas del Pacífico hecha de raíces de planta y que se sirve en conchas de coco. Hay toda una ceremonia ritual antes de probarla y suele ser lo último que el viajero recuerda antes de beber el potente brebaje. El verdadero patrimonio es la naturaleza. Aquí se aglutinan todos los elementos para crear el folleto perfecto: los arrecifes, los lagos, la vegetación exuberante... Hay que añadir que al no estar tan explotadas turísticamente como la vecina Polinesia Francesa, tienen ese punto salvaje que las convierte en destino ideal para desconectar.
La más sorprendente de las costumbres que se practica en la isla Pentecostés, es una curiosa variante del puenting conocida como el Salto Bunji. Se dice que una mujer que escapaba de las iras de un marido iracundo decidió subir a un árbol y atar sus tobillos a una liana. Cuando el marido llegó a la rama en que ella se encontraba, ésta saltó. Lo mismo hizo su marido, que pereció al instante, mientras que ella se detuvo con la cabeza a unos centímetros del suelo. Desde entonces, existe la tradición de efectuar el mismo salto. Quién quiera puede ver y participar en este evento todos los sábados de abril y mayo. Hay tours organizados para ir a Pentecostés y ver este curioso evento. Además, a partir de abril es la mejor época para ir al archipiélago, ya que la estación de lluvias ha quedado atrás.
No todas las islas son accesibles a los turistas, y lo mejor es empezar por Efate, de 1.000 kilómetros cuadrados, en ella se encuentra la capital, Port Vila, con sus restaurantes, tiendas y otros servicios. En Efate se puede practicar submarinismo, montar a caballo por playas tropicales y navegar por aguas cristalinas. Tanna, a 35 minutos en avioneta de Port Vila es la mejor de todas para ver naturaleza, volcán Mount Yasur incluido. Hay cataratas espectaculares, cuevas bajo el agua y bosques tropicales. Además, tiene algunos de los mejores hoteles de todo el archipiélago.
En Malekula se encuentran todavía los restos de un altar en el que sacrificaban a los extranjeros osados.
Una de las islas más curiosas es Malekula, la segunda más grande, donde se pueden visitar los restos de un altar donde sacrificaban a los osados extranjeros para luego comérselos, ver una danza ritual de circuncisión o algún que otro evento importante. La verdad es que ver indígenas hoy en día con pinturas por todo el cuerpo, los sombreros de capirote y demás aperos es una experiencia irrepetible, con la suerte que uno vive después para contarlo. Si hay tiempo, siempre podemos ir hasta la isla de Rano, cerca de Malekula, es quizás una de las más aisladas y poco explotadas turísticamente, una verdadera isla Robinson.
La arena es dorada con árboles tropicales que dan sombra y un agua azul turquesa que hace daño a la vista. En el interior el olor a hibisco y otras flores embriaga ligeramente a quién está acostumbrado al aire contaminado de las ciudades. Además las posibilidades de encontrarnos con nuestro vecino son muy pequeñas...
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