Quizás por estar a tiro de piedra de Madrid, o simplemente porque no es de las que se promocionan en las revistas, Alcalá de Henares pasa a menudo desapercibida. No es de extrañar que el visitante que va por primera vez se sienta sorprendido y se pregunte por qué no había ido a verla hasta entonces.
Alcalá de Henares tiene su historia y sus monumentos pero es sobretodo esa atmósfera novelesca y su dimensión de ciudad de bolsillo las que le confieren su encanto. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, pasear por Alcalá es hacer un recorrido por la cultura del Siglo de Oro español, aquél que tantos nombres ilustres y prolíficas obras nos dejara, y entre ellos Miguel de Cervantes, quien naciera en esta ciudad en 1547. Gracias al tesón y empeño de muchos amantes de la cultura y el patrimonio la ciudad ha recuperado en estos últimos años toda su esencia, las fachadas renacentistas y barrocas vuelven a brillar, los conventos y la universidad han recuperado el esplendor de antaño.
No sólo son las piedras las que tienen algo que contar, son los pequeños comercios, los restaurantes y las actividades culturales las que devuelven el pulso al corazón de Alcalá. La calle mayor es asoportalada y aunque ya no se oye aquello de «agua va» o de «¿quién vive?» es fácil imaginarse a los estudiantes paupérrimos, a los embozados misteriosos y a los religiosos y religiosas recorriendo las calles y las plazas. Ahora son los turistas los que pasean por las calles, haciéndose la foto de rigor junto a la estatua de Don Quijote y Sancho situada enfrente de la casa natal de Cervantes. Por cierto que no hay que dejar de visitar la casa del ilustre escritor para aprender algo más de su vida y de las costumbres de la época.
También los turistas siguen las huellas de ese Cardenal Cisneros, que engrandeció la ciudad Complutense en 1499 con una fantástica Universidad por la que pasarían como estudiantes o profesores los grandes personajes de la cultura del Siglo de Oro. Hasta 40 colegios menores llegó a tener Alcalá en el siglo XVII, junto con conventos e iglesias de todas las órdenes. Una Universidad que fuera la envidia de tantas otras y que fuera la única razón de existir de la ciudad.
Alcalá fue la primera Ciudad Universitaria planificada como tal, pero ya existía mucho antes un conjunto urbano en la rica vega del Henares, en el que dejaron huella los romanos, quienes lo llamaran Complutum, visigodos y por fin los musulmanes que construyeron un castillo y la llamaron Al-Kalam Nahr, castillo sobre el río, y no hace falta decir que de ahí le viene su nombre actual. El cristal, el acero y las exposiciones más modernas conviven perfectamente con los conventos, iglesias, ermitas y Colegios estudiantiles transformados en museos y en nuevos espacios culturales.
Los mesones ofrecen lo que se espera de ellos, platos contundentes y comida tradicional castellano manchega
Es este contraste el que hace que Alcalá sea aún más interesante, si cabe, y una de las razones por las que Paradores ha decidido abrir un nuevo establecimiento en este destino. Comer siempre es buena razón para visitar un lugar nuevo y en Alcalá se come muy bien. Los mesones ofrecen lo que se espera de ellos, platos contundentes y comida tradicional castellano manchega en la que no pueden faltar los duelos y quebrantos que son esos huevos fritos rotos con chorizo y tocino, servidos en cazuela de barro, que cada cocinero interpreta a su manera.
El queso manchego y las aceitunas de Campo Real son aperitivos obligado y el postre mejor para llevar a casa: unas almendras garrapiñadas de las que las madres Clarisas venden a través del torno o las tartas costradas y las rosquillas. Para bajar la comida hay que seguir con el paseo y no dejar de visitar el Palacio Arzobispal, junto a las murallas, donde mantuvieron su primera entrevista Isabel la Católica y Cristóbal Colón, seis años antes del descubrimiento de América. Fue también en este palacio-fortaleza donde nacieron Catalina de Aragón, la que fuera esposa del rey británico Enrique VIII, y el emperador Fernando de Alemania.
Una joya única es la Iglesia Magistral o Catedral, que junto con la de San Pedro de Lovaina en Bélgica son las dos únicas iglesias magistrales en el mundo (sus canónigos debían de ser profesores de Universidad). Aparte de la ya mencionada Casa de Cervantes, en Alcalá se encuentra también el Teatro Cervantes, que esconde el corral de comedias más antiguo de España donde se estrenan muchas de las obras que luego recorrerán el resto de España. Junto a la Casa de Cervantes se levanta el Hospital de Antezana fundado en 1483 y que aún hoy conserva dicha función. Su patio, con galería porticada, es un bello ejemplo de arquitectura civil gótico-mudéjar.
Frente al hospital, un estrecho pasadizo nos lleva al corral de la Sinagoga, donde se encontraba uno de los dos templos que los judíos poseían en Alcalá hasta el decreto de expulsión de 1492. Estos mismos judíos cuyas tiendas y comercios llenaban la calle mayor de Alcalá y quienes formaron parte fundamental de su historia. Al final de la calle mayor se llega a la famosa Plaza de Cervantes, antesala de la imagen más fotografiada de toda Alcalá: el Colegio Mayor de San Ildefonso, con su impresionante fachada plateresca donde el Renacimiento español deja su huella. Aquí surgió la Universidad Complutense y aquí, en su Paraninfo, es donde cada año los reyes entregan el Premio Cervantes de Literatura.
La lista de lugares para visitar no se acaba: iglesias, conventos, monasterios como el de las Bernardas de excepcional barroco, Oratorios como el de San Felipe Neri, con unas tallas y pinturas magníficas, ermitas como la del Cristo de los Doctrinos, en la calle de los Colegios. Para quién le gusta lo de la arqueología Alcalá también tiene oferta, algunos restos de la antigua villa romana de Complutum, un asentamiento importante que cuenta además con las ruinas de una basílica y las termas romanas. Una visita al Museo Arqueológico Regional, ubicado en el antiguo Colegio Convento de Dominicos completa la lección de arte e historia. Al marcharse de Alcalá de Henares uno no puede por menos que recordar aquellas palabras de Lope de Vega en el Perro del Hortelano, que resuenan en el teatro Cervantes «Yo me voy Señora Mía, yo me voy pero el alma no».
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